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HASTA SIEMPRE MARLON

Marlon Brando se quedó grabado en mi memoria desde la primera vez que lo vi siendo yo muy pequeño, tenía un aspecto peculiar, con el cabello completamente blanco y vistiendo una túnica negra, tomando la difícil decisión de enviar a su hijo a la Tierra, ya que su planeta Krypton estaba a punto de ser destruido. Se trataba de un pequeño papel en ese inolvidable film de ciencia ficción titulado Supermán.

Con el paso de los años continué admirando al actor que ejercía de padre biológico del gran superhéroe de mi infancia, en películas como Rebelión a bordo, El novato o Don Juan de Marco. Pero cuando realmente tomé conciencia de su genialidad fue la primera vez que vi El Padrino, recuerdo que desde aquel momento lo situé en la cúspide de mis intérpretes favoritos y nunca más ha vuelto a descender de ella.

Después pude disfrutar de su genio en papeles como el impulsivo y rudo Stanley Kowalski de Un tranvía llamado deseo, el desesperado motero Johnny de Salvaje, el valiente exboxeador Terry Malloy de la Ley del silencio, el honorable y sombrío Marco Antonio de Julio César, el honrado Sheriff Calder de La jauría humana, el reprimido homosexual comandante Penderton de Reflejos de un ojo dorado, el agresivo y torturado Paul de El último tango en París,  el oscuro y terrorífico coronel Kurtz de Apocalypse Now, y en otras muchas más de sus inigualables actuaciones.

Marlon Brando ha logrado pasar a la historia del Séptimo Arte con letras de oro, convirtiéndose, muy a su pesar, en el gran referente de la interpretación cinematográfica y con una incalculable legión de seguidores que lo consideran el más grande entre los grandes, consideración a la que yo me he sumado ya hace muchos años.

Ahora que ha desaparecido, hemos de agradecerle todos los maravillosos regalos que nos ha dejado en cada una de sus creaciones y el gozo que nos produce el ver sus grandes interpretaciones, con un sincero y afectuoso deseo; descansa en paz maestro.

Valentín Barreiros