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Dogville

Tras haber visto películas que forman parte de su filmografía como: Europa, Rompiendo las olas, Los idiotas o Bailar en la oscuridad, uno no puede más que reconocer que el director danés Lars von Trier es una de las personalidades más originales surgidas en los últimos años en el mundo cinematográfico internacional. Debido a sus constantes innovaciones, originalidad y provocación este director posee en todo el mundo una legión tan grande de seguidores como de detractores, lo que hace que cada nueva película suya sea un acontecimiento, donde unos no escatiman en halagos mientras otros muestran un frontal rechazo hacia sus propuestas.

Personalmente la película que más me ha gustado de von Trier ha sido Europa y aunque reconozco que Rompiendo las olas o Bailar en la oscuridad son unas propuestas interesantes, debo decir que en ningún momento me logran emocionar, lo que no significa que no las considere como muy sorprendentes e innovadoras cinematográficamente hablando.

En su última apuesta por la experimentación von Trier realiza Dogville, un filme que a modo de cuento infantil, aunque no se lleven a engaños, dirigido a un público adulto, sitúa la acción en un pueblo pequeño, donde una extraña llega para instalarse, escapando de unos gánsters que la persiguen en el marco histórico de la Depresión americana de los años veinte. Poco a poco, a modo que la joven se va integrando en ese microcosmos, se nos va haciendo presente la maldad dormida y la crueldad que se encierra dentro de sus habitantes. El filme nos habla de la condición humana, donde personas tan pronto como pueden tratan de dominar a los más débiles, mostrando una ruindad total, ya que lo único que les interesa es satisfacer su bienestar aún a costa de los demás. En este sentido el director nos muestra a Dogville como una población medrosa y cicatera en la que no le importa aplastar a los más endebles pero que se muestra sumisa y obediente ante los poderosos.

Aunque ya por su guión la película posee un interés realmente notable, von Trier nos la muestra con una puesta en escena totalmente innovadora, la cual dice que procede de su pasión por la obra de Bertolt Brecht. El director para las casi tres horas de película nos sitúa sobre un único escenario totalmente despojado de elementos que puedan distraer la atención, donde la imaginación y la complicidad del espectador para lograr una total composición de la película es imprescindible. Parece que von Trier quiera que formemos parte de la historia poniendo nuestro granito de arena en el desarrollo de la misma  y para ello nos ofrece unos rasgos básicos del lugar donde se desarrolla, pero que han de ser completados por nuestra imaginación.

En cuanto a la realización no se puede menos que decir, que es magistral, ya que lograr mantener durante casi tres horas la atención del espectador, sin que en ningún momento el aburrimiento, el cansancio o la desesperación asome la cabeza, es realmente por que se conocen perfectamente  todos los resortes y posibilidades que existen en el medio cinematográfico. También hemos de decir que todo ello se sustenta en, como ya hemos dicho antes, un magnífico guión y unas interpretaciones excepcionales, donde parece que cada personaje este pensado exclusivamente para el actor que lo representa.

En definitiva, a los amantes del cine arriesgado, diferente, innovador, decirle que no se pueden perder esta película en la que según las propias palabras del director; su modesta intención es la de enriquecer el medio en el que trabaja.

Valentín Barreiros