FEMME FATALE
De
Brian de Palma siempre se espera algo brillante, es un realizador
superdotado perfecto conocedor del medio cinematográfico, que
durante los años 70 y 80 gozó de gran fama y prestigio formando
parte del Club de los 5 magníficos con Coopola, Scorsese, Allen
y Spielberg, pero al que en los noventa el gran público no lo
siguió demasiado.
Femme Fatale es un festival
para la vista, un film en donde se pone de manifiesto nuevamente
que De Palma es uno de los grandes maestros en el dominio del
encuadre, la planificación y los movimientos de cámara. Su control
del suspense es fantástico, logrando mantener al espectador en
todo momento interesado y atento, creando una atmósfera que nos
recuerda a las viejas películas de “film noir”, aunque con un
estilo mucho más actual y arriesgado.
El principio de la
película, nos trae a la memoria otra obra suya Misión Imposible, mostrándonos la minuciosa
planificación y desarrollo del robo de unas joyas durante la presentación
de una película en el Festival de Cannes, aquí De Palma mueve
la cámara durante largos travellings, hace unos planos cenitales
con una perfecta composición, y sobre todo nos muestra su total
dominio para conjugar varias acciones a la vez. Después, la película
pega un cambio de dirección y nos ofrece una historia de puro
cine negro donde el personaje principal es el protagonizado por
Rebeca Romijn-Stamos, una mujer fatal, fría y calculadora, heredera
de la tradición de este tipo de cine clásico con claras referencias
a la Barbara Stanwich de Perdición o Jane Creer de Retorno al pasado, pero también a mujeres
de filmes más actuales como la Sharon Stone de Instinto básico o Katleen
Turner de Fuego en el cuerpo.
La trama de la película
se hace confusa, dando saltos temporales, confundiendo personajes
y situaciones, donde las apariencias y las dobles personalidades
se adueñan de una acción llena de erotismo y sensualidad, en la
que los sueños de la protagonista y la realidad se mimetizan,
donde el director nos ofrece una lección de voyeurismo representada
en la película además de por el personaje de Antonio Banderas,
por una planificación en la que se divide la pantalla a la mitad
para mostrarnos la misma acción desde dos puntos de vista distintos
u dos acciones distintas presentadas al mismo tiempo. Mención
aparte merece la música, que está concienzudamente elegida para
cada momento y situación.
Bajo mi punto de vista,
la parte final del filme es lo más flojo, puesto que opta por
una resolución fácil para dar salida a tan intrincado guión, aunque
dicha opción es totalmente lícita.
Valentín Barreiros