IDENTIDAD
En
los últimos tiempos el cine norteamericano de los grandes estudios
anda falto de ideas, salvo honrosas excepciones, lo que los obliga
a realizar remakes totalmente innecesarios de grandes filmes
de la época dorada, o bien, volver una y otra vez a explotar fórmulas
ya conocidas y nada originales, lo que hace parecer el estar viendo
siempre la misma película con ligeras variaciones (algo así como
las canciones de los chicos de Operación Triunfo, para entendernos).
Identidad es una muestra
perfecta de lo expuesto anteriormente, se trata de un psico-thriller
más de los que se han puesto de moda en esta última década
desde el gran éxito de la magnífica El silencio de los Corderos,
que intenta aportar un enfoque distinto dentro del género, por
lo menos aparentemente, pero no lo consigue ya que se sustenta
sobre un guión tan endeble y truquero que más que tensión produce
hilaridad.
Lo cierto es que hay
que reconocer que la película comienza fenomenal, con unos estupendos
primeros quince minutos donde se nos presenta a todos los personajes
por medio de unas situaciones supuestamente azarosas, que los
han hecho coincidir en una desapacible noche en medio de una carretera
donde el único refugio para todos ellos es un lúgubre motel. Pero
a partir de ahí la película da un giro radical convirtiéndose
en la típica, tópica, película de sustos para adolescentes muy
en la línea de Sé lo que hicisteis el último verano,
llena de inexplicables crímenes y situaciones inverosímiles, que
conducen a un final que intenta ofrecer una inesperada solución
intentando justificar la hora anterior, pero que no convence en
ningún momento ya que se trata de una solución demasiado tramposa
y llena de falsos trucos, tanto de el guión como en de realización.
Valentín Barreiros