LOST IN TRANSLATION
Decía
Camilo José Cela: “la sociedad evoluciona porque los hijos mejoran
a sus padres”. En el caso de Sofía Coppola, el sólo hecho de poder
emular parte de lo su progenitor es al cine, sería toda una conquista,
ya que Francis Ford está considerado como uno de los cineastas
más grandes de todos los tiempos. Pero parece que Sofía tiene
el firme propósito, y por lo visto las cualidades suficientes,
para hacer algo grande.
Lost in translation
se trata de la segunda obra de esta joven realizadora, que ya
había sorprendido con su ópera prima, la magnífica Las vírgenes
suicidas. Se trata de una película donde priman los silencios
sobre las palabras, donde una leve caricia contiene cantidades
industriales de erotismo y de pasión, donde la soledad de dos
desconocidos conforma una bellísima historia amor. Es un filme
contemplativo, lleno de imágenes y tiempos muertos, con los diálogos
justos y precisos, complementada con una música que matiza a la
perfección cada instante, cada situación. Los actores están soberbios,
sobre todo la pareja protagonista, Scarlett Johansson interpreta
convincentemente a una joven esposa perdida y llena de dudas en
la busca de una ubicación para su existencia, por otro lado esta
el impresionante Bill Murray como un hombre maduro, necesitado
del afecto y la comprensión que no encuentra ya en el hogar.
Con estos mimbres Sofía compone una
pequeña joya que ha de quedar ya instalada en nuestros corazones,
es de esas películas que alimentan, de las que continúan presentes
una vez terminada la proyección, de las que conquistan por méritos
propios el ser situadas al lado de otras perlas como Breve
encuentro o Estación Termini. En definitiva:
de las que no se olvidan.
Valentín Barreiros