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EL HIJO DE LA NOVIA
Año: 2001
País: Argentina
Producción: Adrián Suar, Gerardo Herrero
Título original: El hijo de la novia
Director: Juan José Campanella
Guión: Fernando Castets, Juan José Campanella
Fotografía: Daniel Shulman
Música: Ángel Illarramendi
Intérpretes: Ricardo Darín, Héctor Alterio,
Norma Aleandro, Natalia Verbeke, Eduardo Blanco
El hijo de la novia es una pequeña película
argentina dirigida por Juan José Campañella, al que
conocíamos por títulos como "El niño
que gritó puta", "Y llegó el amor"
, o "El mismo amor, la misma lluvia".
Se trata de un filme intimista, nostálgico,
familiar, y lleno de sensibilidad, que nos habla sobre la crisis
vital sufrida por su protagonista, Rafael Belvedere, al intentar
mantener en pie su pequeño negocio familiar mientras observa
que el mundo que lo rodea cambia irremisiblemente; divorciado y
con una hija, mantiene una relación con una joven estudiante
a la cual no dedica demasiado tiempo, su madre se encuentra enferma
de Alzheimer hospitalizada en un geriátrico y su padre, aun
profundamente enamorado de su mujer, no tiene más ilusión
que el ir a visitarla día tras día a la residencia.
Toda su vida da un vuelco cuando aparece un amigo de la infancia,
que cual ángel de la guarda trata de guiar al protagonista
en los momentos de duda.
El guión de la película es modélico,
en él se pasa del drama al humor, muchas veces dentro de
una misma secuencia, con una facilidad asombrosa. Las relaciones
están tratadas con una sencillez y una veracidad que muchas
veces no parece estar viendo una obra de ficción sino la
realidad de la vida misma. También es justo el mencionar
que la realización de la película hace justicia al
magnífico guión con el que cuenta, consiguiendo que
posea un "tempo" magnífico, que hace que en ningún
momento decaiga la acción y logra que el espectador se introduzca
dentro de la misma y viva las peripecias con los personajes.
Uno de los apartes lo merecen las interpretaciones,
que son soberbias de la primera a la última, Ricardo Darín
está preciso en su papel de hombre en plena crisis de los
cuarenta, que no sabe hacia donde dirigir su vida; Natalia Verbeque
consigue enamorar desde el primer plano en que aparece en la película
componiendo a la perfección un papel en el que se nos muestra
como una joven enamorada, pero con las ideas bastante claras de
lo que quiere. Otro de los interpretes es el espléndido Eduardo
Blanco, un personaje con un trágico pasado que adopta la
postura de repartir felicidad en vez de torturarse por siempre,
que cual Clarence en "Que bello es vivir" es el catalizador
de todos los sentimientos de las personas que se encuentran a su
alrededor. Por último hablar de los dos geniales veteranos,
Norma Aleandro realiza una composición magistral de una enferma
de Alzheimer con la mirada perdida, fiel reflejo del olvido de sus
sentimientos, y el genial Héctor Alterio ofrece aquí
una más de sus inigualables interpretaciones, logrando que
cada gesto, cada mirada, cada palabra, roce la perfección.
El film está lleno de grandes momentos, tantos
y tan conseguidos que es difícil el mencionar unos sobre
otros, pero personalmente destacaría tres que son de esos
que se quedan grabados en la memoria, dos son de realización
y el otro de interpretación; el primero es la secuencia en
la que Rafael va a casa de su ex mujer y ambos charlan sobre su
frustrada relación y el porqué de su fracaso, es una
secuencia perfectamente dirigida con una atmósfera puramente
íntima e ideal para las confidencias, donde hay un momento
en el que los dos personajes se van a la cocina y la cámara
queda tras la puerta oyendo simplemente a los personajes cuyas siluetas
se ven reflejadas en un cristal, para no traspasar su intimidad.
Otro gran acierto en la realización es la declaración
de Rafael a Naty bajo la lluvia hablando por el portero automático
de su casa, donde demuestra la habilidad del director para usar
la cámara del telefonillo como parte de la narración
y de paso tener las dos acciones en el mismo plano. El último
es un momento en el que Nino está hablando con Rafael y Naty
después de una cena en su viejo restaurante, donde recuerda
la inmensa fuerza de atracción que poseía su mujer
y los intensos sentimientos que en él producía, en
la que Héctor Alterio logra una veracidad en la interpretación
que debería de ser de estudio obligatorio para los futuros
profesionales de la interpretación.
Por lo anteriormente dicho y por todo lo que observarán
al ver la película se podría decir que estamos ante
uno de los mejores films de los últimos años, que
ha sido merecedor de la Espiga de Plata y el Premio del
Público en la 46ª Seminci de Valladolid, dos premios
en el Festival de Montreal, ocho Cóndor de Plata y la nominación
al Oscar a la mejor película en lengua no inglesa.
En definitiva, después del visionado de esta
obra, la podríamos definir con una frase pronunciada por
su protagonista: "Es como ver bailar a Fred Astaire, ¡parece
tan fácil!".
Valentín Barreiros
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