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EL CAMINO A CASA
Año: 1999
País: China
Producción: Zhao Yu
Título original: Wo De fu Quin Mu Qin
Director: Zhang Yimou
Guión: Bao Shi
Fotografía: Hou Yong
Música: San Bao
Intérpretes: Zhang Ziyi, Sun
Honglei, Zheng Hao, Zhao Yuelin, Li Bin, Chang Guifa, Sung Wencheng.
El realizador
Zhang Yimou es el máximo exponente del cine chino en la actualidad,
contando con un gran prestigio internacional gracias a películas
que continuamente son galardonadas en casi todos los festivales
a los que acuden. Entre ellas se encuentran; su ópera prima Sorgo
rojo, Oso de Oro del Festival de Berlín en 1988,
Ju Dou (Semilla de crisantemo), Espiga de Oro
del Festival de Valladolid de 1990,
La linterna roja, nominada a los Oscar como
mejor película extranjera en 1991, Qiu Ju, una mujer china,
León de Oro en Venecia en 1993, Vivir, que
obtuvo el Gran Premio del Jurado de Canes en 1994 y por muchos
está considerada como su mejor obra, Ni uno menos
León de Oro en Venecia el año 1999, El camino a Casa,
Oso de plata en el Festival de Belín 2000, siendo su última
producción la épico-histórica Héroe.
En
su cine Yimou nos relata de una manera intimista los aspectos sociales
de la realidad China, tanto actual como de principios del siglo
pasado, e incluso de la época imperial, como en el caso de su último
filme Héroe. Centrándose habitualmente en el entorno
rural del que nos ofrece una visión bastante crítica de su situación,
pero en medio de hermosas historias de amor o de compromiso.
El
Camino a casa es una película sencilla, que no simple, que
narra el regreso de un hombre a su aldea natal en el norte de China
para acudir al funeral de su padre. A su llegada se encuentra con
que su madre quiere enterrar a su marido respetando una costumbre
ancestral, la de traer al fallecido en procesión hasta su casa.
Al principio aconsejado por el alcalde, intenta convencerla de que
eso le va a ser muy costoso, por el largo trayecto que supone, la
poca gente joven que hay en el pueblo para ayudar a traer a hombros
el cadáver y por lo crudo del invierno que están sufriendo. Pronto
se da cuenta de que su madre no se va a dejar convencer, ya que
es una mujer con un carácter y una perseverancia infinita, y entonces
es cuando recuerda la bellísima historia de cómo su madre conquistó
el amor de su marido. Ella era una humilde chica de pueblo y él
un joven profesor que llegó de la ciudad a desarrollar su actividad
docente y terminó quedándose en el pueblo, sucumbiendo al maravilloso
encanto de la mujer.
La
historia no es demasiado original, pero el verdadero valor de esta
película no es la trama en sí, sino la forma como ésta se nos muestra,
las imágenes que Yimou nos ofrece son poesía hecha imagen, llenas
de ternura, emoción, intensidad, sentimiento, pero nunca dejándose
llevar por la sensiblería facilona. Las palabras de Carlos Boyero
en un artículo a propósito de esta película nos la describen de
esta manera: "Cualquier persona que haya tenido la inmensa
suerte de amar y ser amada, soltará más de una inevitable lágrima,
esa emoción que nace en el corazón, en las vísceras, en la memoria
sentimental y que acaba apelotonándose en la garganta, al ver y
sentir la conmovedora historia de amor que narra Zhang Yimou en
El Camino a casa. Lo hace sin énfasis,
ni cursilería, ni efectismo, ni trampas. Con la grandiosa naturalidad,
sencillez, poder de comunicación e intensidad que caracteriza al
lirismo auténtico, al retrato del amor y la pasión sin disfraces
ni coartadas".
En
medio de esta bella historia, Yimou nos ofrece un retrato político-social
de la China rural, tanto de los años 50, donde la mujer sufría una
gran discriminación, ya que ni siquiera le era posible elegir esposo,
siendo su única función la de acompañar y obedecer a su marido,
por lo cual la historia de los protagonistas es un hecho inusual
en aquella sociedad, “ya que es la primera vez que una mujer en
el pueblo se casa por amor”, también nos muestra la poca libertad
de pensamiento que existía, donde la pareja hubo de estar varios
años separada a causa de “las ideas políticas contrarias” que tenía
el joven profesor. Por otro lado, también se muestra la China rural
de hoy en día, que está sufriendo un proceso de despoblación muy
grande, ya que la falta de recursos hace que sus habitantes hayan
de emigrar a la ciudad, y también nos muestra la falta de inversiones
que realiza el estado en el medio rural, ya que el arreglo de la
escuela corre a cargo de las aportaciones de los vecinos.
El
filme también destaca, casi a modo de documental, algunas de las
costumbres y tradiciones del país, como por ejemplo el viejo arreglador
de vajillas de porcelana, la laboriosa forma de trabajar en el telar
la anciana madre, o la simple preparación
de una comida, deteniéndose en pequeños actos, para darle una mayor
importancia a las pequeñas cosas.
Se
trata desde luego de una película con un ritmo pausado, donde el
director se toma su tiempo para contarnos una historia mínima llena
de silencios, pero que en ningún momento produce aburrimiento, bien
al contrario, da la sensación de estar viendo algo mágico. Todo
ello gracias a la sabiduría del director, que con una planificación
y una puesta en escena muy clásica, combinando a la perfección planos
generales con primerísimos planos de la bella actriz Zhang Ziyi
y haciendo uso de larguísimos travellings, con imágenes ralentizadas
y precisas superposiciones logra trasladarnos la intensa relación
que mantienen los personajes.
Otro
de los grandes aciertos del filme es la magistral fotografía que
corre a cargo de Hou Yong, en la que, la época actual se muestra
con un sombrío blanco y negro, donde los paisajes están continuamente
cubiertos de nieve, propiciando en el espectador una sensación de
desasosiego y frialdad muy adecuada para reflejar el dolor que sienten
los personajes por la muerte del anciano maestro. En cambio, el
flash-back en el que el hijo recuerda la historia de amor que vivieron
sus padres está llena de luminosidad y fotografiada con unos colores
cálidos e intensos, en los que se refleja a la perfección la intensa
pasión y felicidad que sienten los protagonistas.
En
cuanto al apartado musical hay que decir que está usado de una forma
precisa para resaltar los momentos más intensos de la película,
logrando una perfecta simbiosis entre emoción, imagen y música.
También
es necesario mencionar unas muy logradas interpretaciones, cargadas
todas ellas de naturalidad y ternura, llenas de matices, sobre todo
la sensacional actriz protagonista Zhang Ziyi, que realiza una magistral
composición de una joven enamorada llena de inocencia y ternura,
pero a la vez poseedora de un gran empeño y tesón a la hora de luchar
por lo que verdaderamente desea.
En
fin, nos encontramos ante una preciosa película, una obra de arte
llena de romanticismo donde Yimou demuestra que además de ser un
gran realizador, es un verdadero poeta.
Valentín Barreiros
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