Básicamente
el síndrome de Down es una situación o circunstancia que
ocurre en la especie humana como consecuencia de una particular
alteración genética. Esta alteración genética consiste en
que las células del bebé poseen en su núcleo un cromosoma
de más o cromosoma extra, es decir, 47 cromosomas en lugar
de 46.
Es
evidente que esta definición no da respuesta a algo que
quizá es lo que más se desea saber, por qué ha ocurrido
ese incremento cromosómico, y si es posible suprimirlo.
Ciertamente,
no es posible suprimirla en la actualidad. Lo que sí podemos
afirmar de manera taxativa es que no hay ninguna razón para
culpabilizar al padre o a la madre por algo que hubieran
hecho antes o durante el embarazo, como después explicaremos.
El bebé con Síndrome de Down es un bebé como otro cualquiera,
fruto del amor de los padres, que puede mostrar ciertos
problemas que somos capaces de afrontar cada vez mejor.
Porque la investigación sobre el síndrome de Down en el
campo de la educación y de la salud es tan intensa que vamos
alcanzando mejorías sustanciales de una generación a otra.
Un
síndrome significa la existencia de un conjunto de síntomas
que definen o caracterizan a una determinada condición patológica.
El síndrome de Down se llama así porque fue identificado
inicialmente el siglo pasado por el médico inglés John Langdon
Down. Sin embargo, no fue hasta 1957 cuando el Dr. Jerome
Lejeune descubrió que la razón esencial de que apareciera
este síndrome se debía a que los núcleos de las células
tenían 47 cromosomas en lugar de los 46 habituales.
Y
es que los seres humanos, mujeres y hombres, tenemos normalmente
46 cromosomas en el núcleo de cada célula de nuestro organismo.
De esos 46 cromosomas, 23 los recibimos en el momento en
que fuimos concebidos del espermatozoide (la célula germinal
del padre) y 23 del óvulo (la célula germinal de la madre).
De esos 46 cromosomas, 44 son denominados regulares o autosomas
y forman parejas (de la 1 a la 22), y los otros dos constituyen la pareja de
cromosomas sexuales, llamados
XX
si el bebé es niña y XY si es varón. (Pueschel, 1997)
El
espermatozoide del hombre y el óvulo de de la mujer son
células embrionarias o germinales que sólo tienen la mitad
de los cromosomas de las demás células, es decir, 23. Por
lo tanto, cuando se produce la concepción y el óvulo y el
espermatozoide se funden para originar la primera célula
del nuevo organismo humano, ésta tiene los 46 cromosomas
característicos de la especie humana. A partir de esa primera
célula y por sucesivas divisiones celulares se irán formando
los millones de células que conforman los diversos órganos
de nuestro cuerpo. Eso significa que, al dividirse las células,
también lo hace cada uno de los 46 cromosomas, de modo que
cada célula sigue poseyendo esos 46 cromosomas.
Por
un error de la naturaleza, el óvulo femenino o el espermatozoide
masculino aporta 24 cromosomas en lugar de 23 que, unidos
a los 23 de la otra célula germinal, suman 47. Y ese cromosoma
de más pertenece a la pareja nº 21 de los cromosomas. De
esta manera, el padre o la madre aportan 2 cromosomas 21
que, sumados al cromosoma 21 del cónyuge, resultan 3 cromosomas
del par 21. Por eso, esta situación anómala se denomina
trisonomía 21, término que se utiliza también con frecuencia
para denominar al síndrome de Down.
Los
últimos estudios señalan que en el 10
a 15% de los casos el cromosoma 21 extra es aportado por
el espermatozoide y en el 85-90% de los casos por el óvulo.
Por consiguiente, la alteración aparece antes de la concepción,
cuando se están formando los óvulos y los espermatozoides.
Piénsese, por ejemplo, que los óvulos se forman cuando la
futura mujer es todavía un feto y está en el vientre de
su madre. Por este motivo no debe haber ningún sentimiento
de culpabilidad, ya que la alteración no guarda relación
alguna con lo que los padres hicieron o dejaron de hacer
durante el período del embarazo. (Pueschel, 1997)
Una
vez definido lo que es en esencia el síndrome de Down, vamos
a explicar cómo ocurre esa peculiar circunstancia por la
que el óvulo o el espermatozoide poseen 24 cromosomas (2
de ellos del par 21), en lugar
de
23.
La
importancia de un cromosoma reside en los genes que contiene.
Y son los genes los que dirigen y regulan la vida de la
célula que los posee. Nuestra vida depende del equilibrio
armonioso entre los 50.000
a 100.000 genes que poseemos. Si hay una trisonomía, eso
quiere decir que un cromosoma está añadiendo más copias
de genes al conjunto y eso rompe el equilibrio armónico
entre ellos, con consecuencias sobre el funcionamiento de
las células y de los órganos. Es como si en una orquesta
hubiera más violines o fueran más deprisa de lo debido,
la armonía de la sinfonía sufre.
Ahora
bien, nuestro bebé con síndrome de Down es una personita
más, con unas potencialidades de desarrollo increíbles,
tanto mayores cuanto mejor lo atendamos. Su desarrollo va
a ser más lento, pero para eso aprenderemos y aplicaremos
programas de intervención que iremos explicando. Los avances
que hemos obtenido en los últimos 25 años son espectaculares,
y ya no nos extraña que empiecen a ocupar puestos de trabajo
ordinario. Pese a esa anomalía que va a imponer unas ciertas
limitaciones, nuestro trabajo y nuestro apoyo han de ser
capaces de desplegar toda sus posibilidades afectivas e
intelectuales, de manera que su pleno desarrollo va a depender
muy directamente de nuestro trabajo paciente, constante,
alegre y optimista.
No
hay dos personas iguales a pesar de que todas tienen 46
cromosomas; tampoco hay dos personas con síndrome de Down
iguales aunque ambas tengan 47. Su desarrollo, sus cualidades,
sus problemas, su grado de discapacidad van a ser muy distintos
y el grado de desarrollo de las actividades cognitivas.
Por muy acusado que sea el síndrome de Down en la cara,
puede que no lo sea tanto en el desarrollo de su cerebro.
La tercera es que el progreso en la actividad cerebral no
es fruto exclusivo de los genes sino también del ambiente
que hace nutrir y progresar esa actividad.
El
80% de los niños con Síndrome de Down nace de padres menores
de 35 años. Es cierto que cuanto mayor es la edad de la
madre, mayor es la probabilidad de tener hijos con Síndrome
de Down.
Las
capacidades intelectuales son muy distintas de unos a otros,
igual que en los demás niños. La calidad y la constancia
de nuestra educación
nos
ayuda a superar metas.