
Faltaban unos minutos para el comienzo del show, se apagaron las luces y empezó a sonar “Heroes” de Bowie como acto preliminar del concierto, a nuestro alrededor corean sin parar el apodo por el que es tan conocido el líder del grupo.
Por un momento vinieron a mi cabeza recuerdos de mi adolescencia en la que las cazadoras de cuero y la iconografía de los años 50 me hacían enloquecer y se reflejaban en mi modo de vestir.
Loquillo aparece acompañado por su banda por la parte derecha procedente de los camerinos y suben al escenario dispuestos a comenzar el espectáculo.
Se apaga la música y comienzan a sonar los primeros acordes de “Rock and roll actitud” el público ruge como si de un anfiteatro romano se tratase y comienza a saltar.
Acto seguido aparece el cantante en escena elegantemente vestido con un traje negro con el pájaro Loco en el bolsillo de la chaqueta, más tarde se la cambiaría por otra que llevaba la insignia de Balmoral, un mítico bar madrileño que cerró sus puertas hace unos años en los que se reunían todo tipo de artistas, en la chaqueta agarrando el pié de micro de forma característica.
Con un sonido limpio y una banda que tocaba impecablemente, nos deleitan con un repertorio plagado de últimas composiciones y también antiguos hits de la década de los ochenta como “Carne para Linda” concretamente del álbum “La mafia del baile” (85) o “Rock suave” del mismo álbum.
Después de unas cuantas canciones Loquillo nos obsequia con un cariñoso: “Boas noites Ourense” y continúa el show de rock and roll no sin antes hacer alusión a su colaboración con Johnny Halliday, el Elvis Presley francés, que en su día grabó a dúo con Loquillo la canción “Cruzando el paraíso” que también sonó en Oira como era de esperar.
Pasada casi una hora y media de concierto y después de interpretar un buen puñado de canciones de rock and roll, entre ellas himnos tan conocido como “Cuando fuimos los mejores” y “El rompeolas”, el cantante saca un peine del bolsillo interior de su chaqueta y comienza a peinarse mirando de reojo al público, continúa moviendo sus piernas al ritmo de la música haciendo un guiño a Elvis Presley y por último se despiden con la archiconocida “Cadillac Solitario” cerrando así un show sublime y difícil de superar en el que todos los presentes durante el transcurso del evento volvimos a recordar con cariño nuestra adolescencia y gran parte de nuestra juventud.
Santiago García Pérez (Yago Baquetas)





























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