Me gustan los Quick Time Events (QTE). Para aquellos que no conocen el término, es una "anglosajonada" más para describir esos momentos espectaculares en medio de pleno videojuego en el que uno debe pulsar un botón del mando o mover la palanquita hacia cierta dirección que aparece por décimas de segundo en pantalla.
En caso de error al pulsar o mover, se vuelve al inicio de la situación que provocó el "QTE" o, sencillamente, uno pierde la vida ahí mismo.
Son odiados por muchos y adorados por otros, yo me encuentro, como dije, entre estos últimos.
Me gustan los "QTE" porque en cierto modo son como la vida misma, que te ofrece oportunidades que, o aprovechas en su justo momento, o el resultado puede variar un poco o convertirse en un completo desastre.
Por supuesto que en la vida no hay momentos tan heroicos o llamativos como los "QTE". Dudo mucho que haya alguien por ahí arrancando ojos de cíclope con el mismo arte y estilo que nuestro amigo Kratos pero, por ejemplo, mientras esperas el bus, tienes una décima de segundo para decidir si ayudas o no a ese rubio teutón con un mapa y chanclas a tres grados de temperatura ambiente. Se nos aparece un "QTE" cuando una chica te mira desde el otro lado del bar: pulsa "equis" si quieres sonreirle o... desaparecerá inmediatamente.
La vida está llena de Eventos de Rápida Respuesta (traducción libre) y nosotros solemos ser de reacciones lentas, de comportamiento dubitativo y así vamos por el mundo: perdiendo momentos fantásticos, aventuras increibles y oportunidades de ensueño; esperando a que se nos aparezca la "equis", el triángulo o la palanquita delante de nuestros ojos diciéndonos:
"¡Eyh, Amigo! ¡Reacciona!"






























