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AL MORIR DON QUIJOTE

FICHA

Título: Al morir Don Quijote
Autor: Andrés Trapiello
Editorial: Ediciones Destino S.A., Colección Ánfora y Delfín, 2004
Formato: 412 págs, 23 cm
Novela

"Al morir don Quijote todo fue un poco más confuso y un poco más claro.
Al morir, don Quijote ya era don Quijote, y no era nadie, es decir, tenía mucha fama por aquellos pagos, pero no como para que hiciesen tañer las campanas a mediodía, privilegio, si acaso, del conde o de su familia, ni siquiera de su secretario, que estaba agonizando. Las campanas saben muy bien por quien tienen que doblar y a qué horas. Las campanas, como casi todo en esta vida, adoran las jerarquías. Y si no iban a doblar por el secretario, tampoco doblarían por don Quijote. Pero doblaron y se oyeron. Y por eso algunos pensaron que habían doblado solas, como las de Belilla.
Aunque también es verdad que don Quijote, siendo nada y nadie, era mucho y todo por esa fechas."

COMENTARIO
Terminadas las celebraciones en torno al cuarto centenario de la publicación de El Quijote, la resaca dejada por las mismas todavía permanece en los actos culturales que tanto se han prodigado el pasado año. De entre todos los escritos (ensayos, novelas, reportajes, etc...)que se han generado a raíz de dicho acontecimiento he elegido la aportación del escritor leonés Andrés Trapiello. Una aportación que, aunque no es novedosa, sí resulta útil para llevar a cabo una revisitación del mito quijotesco.
Compuesta como una especie de tercera parte, a partir de su lectura nos adentramos en el mundo contemporáneo de Cervantes y de sus personajes. Se sitúa la acción en el momento mismo en que se termina la segunda parte de El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha para continuar con las peripecias de los demás personajes compañeros de fatigas en la obra cervantina: Sancho Panza, el cura Don Pedro, el ama, la sobrina, el barbero, etc.... Los amores y la supervivencia de Antonia Quijano, única heredera de la sangre del insigne Don Quijote, parecen ser el hilo conductor de esta continuación póstuma.
Pero no son los hechos los que revisten importancia sino la atmósfera continuamente evocadora de la sombra de don Quijote. Trapiello riza el rizo, da otra vuelta de tuerca reforzando la figura del caballero de la triste figura recreándolo como un ser real, tan próximo y creíble en nuestros días que resulta dudoso su nacimiento a través de la pluma de Cervantes. Su humanidad, tan consistente, ya ha traspasado los escritos cervantinos. Y así les ocurre a los demás personajes, cuya mayor función es la de recordar al público que la vida de don Quijote fue efectivamente cierta, que sus aventuras fueron escritas por Cide Hamete Benengeli, que Cervantes las traspasó a la lengua castellana adornando el texto con su ingenio, que todos y cada uno de los sucesos y personajes que pululan por el libro son totalmente verídicos. A ello contribuye la utilización de un lenguaje lleno de reminiscencias del castellano del siglo de oro, con sus giros populares y su rico vocabulario (a veces será necesaria la utilización del diccionario, aunque sin demasiadas complicaciones).
Es esta obra un juego entre la realidad y la ficción, entrelazadas hasta confundirse entre sí. Se produce incluso una simultaneidad entre los hechos acaecidos y los hechos narrados. Cada palabra que plasma Trapiello se convierte automáticamente en una realidad, ¿o es el autor un mero transcritor de esa realidad? El logro de la fama, que tanto interesó a Don Quijote y que hoy en día confiere realidad a la realidad (véase el minuto de gloria en la televisión, "sólo existimos cuando somos realidades en la pequeña pantalla"), está tan presente que lleva a reflexionar no sólo a los personajes de la novela (convertidos en nuevos seres de carne y hueso por afinidad con el famoso hidalgo) sino también al lector que se ve reflejado en sus disertaciones.
Basta leer uno de los diálogos entre el bachiller Sansón Carrasco y el inefable Sancho Panza para comprobarlo:
"-¿No habéis notado que la realidad de don Quijote, muriendo, era la de este señor Cervantes, y que la muerte de don Quijote debió de ser como la suya?
-Así me lo ha parecido también a mí, y ello prueba que llegados a un punto, estando vivas, no hay mucha diferencia entre las cosas que suceden en los papeles y en la realidad, si se saben contar sin sacarlas de su quicio."
Es tanta la interrelación entre realidad y ficción que el mismo Cervantes (extrañamente la fecha de su muerte es errónea, 23 de noviembre y no de abril, contradiciéndose así el pretendido realismo de la obra) parece confundirse con Don Quijote. ¿Es quizás mayor la realidad del personaje de ficción que la de su creador?.
Como un cántico repetitivo, "Al morir Don Quijote" es en fundamentalmente un réquiem, una despedida para el que nunca se va, el siempre presente, imperecedero y perpetuo don Quijote.

Estrella Pérez