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LA TRAGEDIA DEL BATAVIA

FICHA

Título: La tragedia del Batavia

Subtítulo: El motín más cruel de la historia

Autor: Mike Dash.

Editorial: Lumen S.A. , 2003.

     Traducción: Nuria Salinas Villar.

      Formato: 602 pgs

Historia

“Mientras avanzaban, Francisco Pelsaert se volvió para mirar la media luna de agua blanca que perfilaba el arrecife y los maltrechos restos del buque que en un tiempo había comandado. A bordo  quedaban varias docenas de los peores criminales y borrachos que habían navegado desde Amsterdam, y un oficial de alto rango de la Compañía de las Indias Orientales. Se trataba del maestre adjunto; después de  Pelsaert, el hombre de mayor rango a bordo. Su nombre era Jeronimus Cornelizs.”

COMENTARIO

La palabra “crónica” es quizás la más apropiada para describir la forma con la que Mike Dash, especializado en la historia de Holanda , nos traslada a una época y un país lejanos. Apoyado en una prolija documentación (casi 140 páginas están dedicadas exclusivamente a notas informativas) nos hace partícipes de  una terrible realidad, aún más espeluznante dado su crudo verismo.

La historia que relata es un episodio de la navegación, y, asimismo, de la crueldad humana: en Junio de 1629 un barco de la Compañía holandesa de las Indias Orientales (competidora con los ingleses por el monopolio del comercio de las muy apreciadas especias) sufre un naufragio en medio del Océano  Índico. Los supervivientes (se habían embarcado más de 300 personas) se refugian en un arrecife a la espera de ser rescatados. Pero ahí comienza la tragedia: el arrecife se convierte en la llamada “tumba del Batavia”. Jeronimus Cornelisz, maestro adjunto del barco y antiguo boticario en Haarlem, apoyándose en un grupo de hombres con los que ya había conspirado para amotinarse durante la travesía, decide apoderarse del liderazgo y deshacerse de todo aquel que se atreva a impedírselo. Poco a poco se va desgranando la personalidad psicópata de este hombre, que no duda en matar indiscriminadamente a familias enteras sólo para satisfacer sus ansias megalómanas.

Esa sería, a grandes rasgos, la trama argumental. Pero el historiador va  más allá: investiga en los antecedentes de la tragedia, bucea en la vida del personaje central, nos retrotrae a la sociedad holandesa del siglo XVII, nos descubre la importancia del tráfico marítimo del momento, de los avatares de la navegación, de las adversas circunstancias bajo las que se viajaba entonces y consigue así revelar las condiciones infrahumanas en las que se vivía, que pueden sorprendernos por ser lo más habitual en aquellos tiempos

Un ejemplo lo encontramos en la descripción de las letrinas: “ un par  estaban situadas a uno de los dos lados de la gran cámara y se reservaban para uso de los pasajeros de popa. El resto de la tripulación debía hacer cola para utilizar las otras dos, situadas en la proa, y que no consistían más que en orificios abiertos en la cubierta debajo del bauprés. Estas letrinas eran descubiertas y estaban a la vista de todos cuantos esperaban en la cola. El único complemento era una soga larga, embadurnada de heces, que colgaba por el interior del orificio de la letrina. El extremo deshilachado de la soga pendía en el mar y era posible tirar de ella para utilizarlo a modo de papel higiénico”. Por supuesto, lo de “higiénico” es un decir.

        La vida en el mar era realmente dura y pocos se atrevían  a realizar viajes de esas características sino por obligación (las razones eran muchas: problemas económicos, un pasado criminal, la pérdida de la reputación, etc) y las reyertas y amotinamientos no eran nada raros. De esto dan cuenta algunos  artículos del Reglamento de la llamada Compañía Jan, como el siguiente (artículo XCI):

“Todo el que empuñe una daga con ira será clavado al palo mayor con la mano atravesada por un puñal, y permanecerá allí de pie hasta que él mismo se arranque la  mano.” Ni siquiera leyes tan rigurosas conseguían evitar que se llevaran a cabo grandes atrocidades. Por eso, dentro de este marco despiadado,  destaca  aún más la importancia del episodio del Batavia.

Junto a la crónica de la época se encuentra la crónica del horror humano, con el que empatizamos sin dificultad, ya que, por desgracia, a pesar de los avances técnico-científicos, en ese aspecto aún no hemos logrado evolucionar suficientemente.