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CARMILLA

Título:
Carmilla
Subtitulo: La mujer vampiro
Autor: Joseph Sheridan Le Fanu
Editorial: Editorial La Máscara, 2000, Colección Malditos Heterodoxos
Prólogo: Paul Naschy
Formato: 108 págs, 21 cms
Novela corta

"Si me eché a llorar fue seguramente porque me sentí abandonada; pero, con gran sorpresa, vi al lado de mi cama un rostro bellísimo que me contemplaba con aire grave. Era una joven que estaba arrodillada y tenía sus manos bajo mi manta. La observé con una especie de placentero estupor, y cesé en mi lloriqueo. La joven me acarició, se echó en la cama a mi lado y me abrazó, sonriendo. De repente, me sentí calmada y contenta, y me dormí de nuevo.
De súbito, me desperté con la escalofriante sensación de que dos agujas me atravesaban el pecho profunda y simultáneamente. Proferí un grito. La joven dio un salto hacia atrás, cayendo al suelo, y me pareció que se escondía debajo de la cama.
Por primera vez sentí miedo y me puse a gritar con todas mis fuerzas."

Este pasaje contiene todos los elementos constitutivos de Carmilla, la mujer vampiro, y consecuentemente, al tratarse de una novela pionera en el campo del "vampirismo", también reúne los elementos sobre los que se asentará el futuro subgénero de terror en torno a los muertos bebedores de sangre. Aun siendo una pequeña novela, casi un relato, en ella se manifiestan los temas más generales (la seducción morbosa, la atracción y la repulsa que provoca lo oscuro, la sensualidad, la búsqueda de la belleza y la juventud eternas, el placer hallado en lo prohibido, la relación con lo demoníaco y el pecado) así como los detalles más nimios fácilmente reconocibles por el público (la cadena ininterrumpida de nuevos vampiros, el mordisco en el cuello para inocular el mal, la figura del cazador de vampiros, la forma de destruirlos, la ubicación en tierras centroeuropeas, etc). Existen algunas salvedades: la conversión en "no muerto" no es inmediata sino que conlleva un largo proceso y el ser vampírico todavía no ha evolucionado a una criatura exclusiva de la noche aunque sí adolece de su carácter enfermizo.
El comité asesor de esta colección (su nombre, "Malditos heterodoxos", ya es bastante explícito) lo forman miembros tan prestigiosos como Luis García Berlanga, Vicente Molina Foix o Pilar Pedraza. Muy acertadamente ha elegido a un autor como el irlandés Joseph Sheridan Le Fanu, quizás menos conocido que Bram Stoker, pero crucial en la constitución de la novela gótica. Él es el verdadero iniciador de distintos subgéneros de atmósfera sobrenatural. Basta comprobar que el famoso Drácula de Stoker no fue escrito hasta 15 años después de la muerte de Le Fanu. Hubo otras mujeres vampiro antes de la Carmilla de 1872 (Clarimonda, 1836, No despertar a los muertos, de J.L. Tieck) pero ninguna dejó su sello tan impreso como esta Mircalla o Carmilla o cualquier otra variación del mismo nombre. Sus letras pueden cambiar de posición, quizás como condición sine qua non para llevar a cabo una doble vida, pero deben seguir siendo las mismas, para no cambiar el estado antinatural de quien lo posee.
J.S. Le Fanu fue un osado para su época. En plena era victoriana, epítome de la represión sexual, se atreve a añadir un toque escandaloso apoyándose en la ambigüedad sexual y el lesbianismo insinuado de la relación entre las dos mujeres protagonistas, Laura y Carmilla.
La propia cubierta del libro retrata la perversidad y la sensualidad que rezuma la obra: una mujer provocativamente desnuda se ríe insolente con una expresión casi orgásmica. Los largos cabellos recuerdan los brazos de un pulpo: es el poder que abarca límites más allá de la muerte. Su estética remite a la vampiresa del cine que ha derivado en devoradora de hombres, limitándose a un carácter sexual pero igualmente destructor.
Como broche final nos encontramos el prólogo de Paul Naschy , el inefable recreador de los personajes del género de terror en el cine español, rompedor a su manera como un día lo fue Le Fanu. Pero la esencia del estilo de este autor es el arte de sugerir, el juego con las sutilezas, el acercamiento a lo desconocido como un delicado roce porque, al fin y el cabo, siempre resulta más atractivo, y, como no, más terrorífico, lo que nunca acabamos de ver.




Ella, Drácula

Título:
Ella, Drácula
Autor: Javier García Sánchez
Editorial: Editorial Planeta, 2004
Formato: 389 págs, 24 cms
Novela

He querido comentar un poco por encima esta otra obra como contraposición a Carmilla, la mujer vampiro.
Crónica densa y exhaustiva hasta la saturación, Ella, Drácula, nos abre la puerta hacia la realidad más insólita, casi increíble, del horror provocado por la condición humana. Erzsebet Bathóry fue un personaje real que en su búsqueda insaciable por alcanzar la inmortalidad y la juventud eterna, cometió los más horribles crímenes sobre más de 600 jóvenes, casi niñas. Su crueldad está muy por encima de un Vlad El Empalador ("Drakul", o "Drácula") precisamente por un refinamiento despiadado que convertía a sus víctimas en simples objetos. Es claramente una personalidad psicopática, sin asomo de arrepentimiento. El volumen del libro triplica a Carmilla, (breve y sutil) para cumplir con el objetivo de mostrar cada uno de los detalles más sórdidos de la historia. Quizás resulte excesivo tal maremágnum de atrocidades pero sin duda es necesario para exponer un hecho tristemente cierto.
Totalmente distinta en su forma y contenido, a pesar de que el motor que las mueve es la perversión del vampirismo, ambas comparten también semejanzas:
-El lesbianismo: de un modo mucho más explícito y carnal en Ella, Drácula la relación con las mujeres acaba limitándose a la expresión de un egocentrismo recalcitrante. En Carmilla existe una atracción mutua entre ambas mujeres.
-La ubicación: Centroeuropa, con sus bosques frondosos y oscuros, nieblas misteriosas y montañas escarpadas siempre parece ser el marco ideal para este tipo de historias. Carmilla se sitúa en un castillo de Styria (Austria). En el caso de Ella, Drácula, Erzsebet encontró su centro de operaciones más adecuado en el castillo de Csejthe, pero varió la situación geográfica de sus actividades recorriendo todos sus dominios húngaros, incluyendo Budapest.
-La posición social: parece inevitable relacionar al vampiro con un título de nobleza. Esto ocurre tanto en Carmilla como en el caso de la condesa sangrienta. Esta última abusó de su status para poder torturar y matar impunemente a campesinas analfabetas durante más de diez años.
-El punto de vista: el uso de la primera persona como narrador es otro componente típico de la novela gótica. La crónica de Ella, Drácula viene dada en parte por un sacerdote anciano que presenció (más bien intuyó) en su niñez la barbarie sembrada por Erzsébet. En Carmilla el primer contacto con la mujer vampiro se produce cuando Laura sólo tiene seis años. La razón puede deberse a que la mirada de un niño tiene más capacidad para asimilar lo irracional e inhumano. Cuando llega la madurez llega la aceptación de lo terrible y, por tanto, la desesperación y el terror.

OBSERVACIONES

Tanto el personaje ficticio de Carmilla como el real de Erzebet Bathory han sido llevados al cine en varias ocasiones:
- Carmilla (Carmilla, 1970, con Peter Cushing) no siempre ha aparecido con su nombre sino que se ha limitado a inspirar las características de la protagonista (La hija de Drácula, en los años 30).
- En el caso de la condesa sangrienta cabe destacar la interpretación de Paloma Picasso, hija del gran genio, en Historias inmorales (1973) de Walerin Borowzyk.

Existen también más obras biográficas inspiradas en Erzébet Báthory como:
- Erzsebet Bathory :La condesa sangrienta (1963) de Valentine Penrose, versión más reducida, poética y menos extenuante que la de Javier García Sánchez.
- La condesa sangrienta de la argentina Alejandra Pizarnik.

Otras obras de ambiente gótico pertenecientes a Joseph Le Fanu:
- El tío Silas
- La profecía de Cloosted

Estrella Casares