Volver ó menú de Relatos e Disertacións Ir á Portada imprimir volta atrás
CUENTOS ROMANOS

Título: Cuentos romanos
Autor: Alberto Moravia
Editorial:
Alianza Editorial, S.A., 1976
Traducción:
Mº Esther Benítez
Formato:
507 pags, 18 cms Relatos

“Vivimos en la via Ostiense. La atravesé y, maquinalmente, me fui hasta el puente de hierro, donde está el puerto fluvial de Roma. Eran las dos, la hora más cálida de la jornada, con un cielo de siroco, lívido, que parecía un ojo amoratado por un puñetazo. Cuando llegué al puente, me apoyé en el pretil de hierro claveteado: quemaba. El Tíber, encajonado entre los muelles, al fondo de los murallones oblicuos, parecía con su color fangoso, una cloaca al aire libre. El gasómetro, que parece un esqueleto después de un incendio, los altos hornos de la fábrica del gas, las torres de los silos, las tuberías de los depósitos de petróleo, los puntiagudos techos de la central termoeléctrica cerraban el horizonte, hasta el punto de no hacer pensar en Roma, sino en alguna ciudad industrial del Norte.”

COMENTARIO

Una Roma diferente. Esto es lo que se transmite a través de un conjunto de pequeños relatos (más de sesenta) donde el espíritu de la dolce vita no ha hecho su aparición. Son los años siguientes a la II Guerra Mundial y los cuadros que se nos presentan recuerdan más al cine neorrealista de la Italia de la posguerra.

Precisamente, Alberto Moravia es reconocido como un escritor de posguerra. Alcanzó la fama a nivel mundial gracias a su obra La Romana , donde hacía un retrato descarnado de la vida de una prostituta. Su predilección por la marginalidad se hace presente también en Cuentos romanos . Pero aquí el mosaico de personajes se extiende a lo largo de una tipología más amplia: el ciudadano de clase media baja que tiene un trabajo precario, una familia que le da problemas y un piso de pocos metros cuadrados; es un hombre que disfruta con diversiones baratas y llega a fin de mes con bastantes apuros. Nada que ver con un cosmopolita, el romano de a pie es más el habitante de un barrio o una aldea que de la ciudad eterna. Es el tipo más común sobre el que se asienta una Roma sórdida y desconocida para el turista, lejos de la gran urbe populosa y culta tantas veces publicitada.

Sin embargo, al igual que en La Romana , el texto no está impregnado de un dramatismo exacerbado ni de un naturalismo impactante sino que se vertebra sobre una fina ironía salpicada de rasgos cómicos. El carácter latino del italiano se deja ver a través de la utilización de la tragicomedia, mucho más efectiva. La realidad se muestra crudamente, con sus bondades y sus miserias. Nos hace reír maliciosamente y llorar sin lágrimas. La prosa es sencilla y casi básica. Esto último tiene su razón de ser: el uso de la primera persona en la totalidad de los textos. Si el protagonista (y casi siempre es un protagonista masculino) es el narrador, debe mostrar un lenguaje acorde con su status social. Las descripciones son la mayor evidencia de esa sobriedad estilística. Alberto Moravia no deja en ninguno de sus relatos que falten las descripciones exactas y directas de sus personajes. Parece disfrutar con ello. Un ejemplo sería: “ Bajita, morena, dura como una fruta sin madurar, con una cara de muchacho y el pelo cortado como un hombre”; o “soy grande, gordo, fuerte como un toro; peso noventa y cinco kilos a los veintiocho años”. El físico es determinante en la mayoría de los casos. La relación personalidad y aspecto es casi ineludible.

Aunque el tapiz está trazado por un variopinto conjunto de hilos, al final todos los relatos siguen un mismo patrón. Se repite constantemente una misma estructura. El hombre protagonista suele tener que enfrentarse a algún determinado problema que, en la mayoría de los casos, lo provocan las relaciones con las mujeres. Los títulos tienen también un denominador común: cortos y concisos, para ellos utiliza nombres o características del protagonista o de la situación que se le plantea ( Viejo estúpido, La enfermera, Pelmazo, La nariz, Cara de bellaco, El billete falso, El inconsciente, Prepotente a la fuerza, El camionero, Engendros, Fanático, Mario, Caterina, Bajito, etc...). Son tan sencillos como las anécdotas desarrolladas. Normalmente, el autor toma esa cualidad concreta destacada en el título y modela la personalidad del protagonista en torno a la misma. Las mujeres son parte fundamental ya que suelen ser las desencadenantes de los sucesos. Provocan las situaciones donde sale a la luz ese rasgo tan determinante sobre el que se centra el relato.

Sin duda, se respira un ambiente carnal, sofocante (la estación que más se recrea es el verano, Bromas del calor, Bromas de Ferragosto ), una realidad casi material de tan cercana.