| EL
CABALLERO DEL SALÓN
Título:
El caballero del salón.
Subtítulo: Un viaje por Indochina.
Autor: William Somerset Maugham.
Editorial: Ediciones del Viento, 2004.
Traducción: Bernardo Moreno Carrillo.
Formato: 262 pgs, 24 cms.
Novela
“Yo viajo porque me gusta trasladarme de un lugar a otro:
me gusta la sensación de libertad que esto me proporciona;
me gusta sentirme libre de lazos, de responsabilidades, de obligaciones;
me gusta lo desconocido. Me gusta encontrar personas extrañas
que me divierten un rato y a veces me sugieren un tema para una
composición. Me canso de mí mismo con frecuencia,
y tengo la sensación de que, viajando, puedo añadir
algo nuevo a mi personalidad y cambiar un poco. Nunca vuelvo de
un viaje con la misma personalidad con la que partí.”
COMENTARIO
En estos tiempos en los que celebramos el éxito de lo multirracial
y multicultural, y como contrapartida, la inclusión en la
“aldea global” de la diversidad, dando lugar a una especie
de mestizaje occidentalizado, no está de más retrotraernos
a una época en la que todavía quedaba algún
resto de paraíso no esquilmado por la era de la información.
El cicerone de este paseo será un autor no valorado todo
lo justamente que se debiera: William Somerset Maugham. El paraíso
ya perdido será un territorio hoy en día envuelto
en una continua agitación político-social: la antigua
península de Indochina (entonces ocupada por Birmania, Siam
y Vietnam).
Británico de espíritu cosmopolita, Somerset Maugham
resultó ser un viajero incansable cuya obra evoca constantemente
los ambientes de países visitados anteriormente por él.
Pero aunque su periplo se desarrolle por lugares considerados idílicos,
el autor rehúye de la habitual contemplación de estos
parajes de incomparable belleza. No se trata de una expedición
aventurera o de una odisea accidentada. Mucho menos consiste en
un conjunto de ensoñaciones fantasiosas de éxtasis
contemplativo. Por otro lado, tampoco se plantean cuestiones históricas
o políticas, datos fríos y expositivos que nos den
la imagen tópica de una guía de viajes. Se trata sin
embargo de un relato disperso, sin un hilo conductor explícito,
regido por una total subjetividad. ¿Qué queda entonces?
La personalidad de Somerset Maugham. Nos enfrentamos a la mera experiencia
perceptiva del escritor. Lo que interesa de El caballero
del salón son los cuadros pergeñados por
el autor como platos sazonados con su mejor salsa: el humorismo,
la ironía, la prospección psicológica.
Somerset Maugham no es un escritor ampuloso y quizás por
ello no es tan reconocida su valía. Consciente de ello lo
manifiesta en esta especie de declaración de principios:
“Cuando era joven, me costó mucho trabajo labrarme
un estilo. Me di cuenta de que yo no tenía dotes para abordar
aquel género de escritura; nosotros no escribimos como queremos,
sino como podemos, y, aunque yo profeso el mayor respeto hacia esos
autores que poseen el feliz don de la expresión, hace tiempo
que me resigné a escribir de la manera más sencilla
posible.” Pero tampoco es un autor frío y distante
(quizás sí flemático) como puede hacer pensar
en un principio al lector. A través de su obra se descubre
siempre una cierta afectuosidad con los seres que retrata, una cercanía
que él mismo revela a través de estas palabras: “una
observación despojada de empatía difícilmente
podrá crear un personaje con vida”.
Por supuesto el lector reconoce la ambientación cronológica.
Nos encontramos en el primer tercio del siglo XX (el prólogo
firmado por el propio Somerset Maugham nos remite al año
1935) y la decadencia del colonialismo inglés y francés
resulta evidente. Pero como esta obra no se considera un escrupuloso
cuaderno de bitácora lo que sobresale es la atmósfera,
el encanto del exotismo, las sensaciones o impresiones que vive
el propio autor, la perspectiva particular con la que tamiza lo
que le sale al encuentro. Su recorrido es tranquilo, inclinado a
la observación de los detalles aparentemente nimios. Nos
describe lo menos destacado de los grandes monumentos o de los atractivos
turísticos. La atención del autor se dirige hacia
objetivos atípicos. “Lo que interesa es transmitir
mediante las palabras no el aspecto que tienen sino la emoción
que han producido en mí.”, es otra de sus apologías.
¿No nos recuerda a la filosofía encerrada en los haikus?
¿Qué mejor manera que esta para mostrar el acercamiento
al orientalismo?
Sin embargo, a pesar de su preferencia por los ambientes exóticos,
la estructura de este libro no elude el arma más invencible
de Somerset Maugham: los relatos. Porque si algo es destacable en
este escritor es la intensidad de sus relatos. Un mosaico irregular
de capítulos cortos es la columna vertebral de este libro.
Eso sí, se ha aplicado la medida justa para no resultar demasiado
pesado. Además de ello, ha intercalado historias de finales
inesperados y singulares, engarzadas en el cuerpo estratégicamente
para evitar la monotonía del ritmo excesivamente descriptivo.
Sin lugar a dudas, si hoy un lector se atreviese a repetir este
mismo trayecto y escribiera sobre sus vivencias y las sensaciones
experimentadas, Somerset Maugham (un ser excéntrico, extravagante
y extraordinario) habría estado encantado de compartirlas
en una charla amigable.
OBSERVACIONES
Otro libro de viajes destacable, anterior a El caballero en el salón,
es: En un biombo chino.
Pero Somerset Maugham es más conocido por relatos y novelas
fuente de muchas versiones cinematográficas:
-El filo de la navaja. Protagonizado por Gene Tierney y Tyrone Power
en los años cuarenta.
-Servidumbre humana. Inmejorable la versión de los años
treinta con Bette Davis y Leslie Howard.
-Lluvia. Narración breve que gozó de varias versiones
casi siempre muy censuradas y cuyo personaje principal, Miss Sadie
Thompson, fue encarnado respectivamente por Gloria Swanson, Joan
Crawford y Rita Hayworth.
-El velo pintado. La más reciente de las adaptaciones cinematográficas
que se han realizado tuvo como actores principales a Edward Norton
y Naomi Watts en el 2006.
ESTRELLA CASARES |