FLAPPERS Y FILÓSOFOS
Título: Flappers y filósofos.
Autor: Frank Scott Fitzgerald.
Editorial: Velecío Editores, 2007.
Formato: 311 pgs.
Traducción: Andrés Barba y Teresa Barba.
Prólogo: Andrés Barba.
Cuentos
“En el próximo milenio un genio de la pedagogía escribirá un libro que se dará a leer a los jóvenes el día en el que conozcan el desencanto. Tendrá el sabor de los ensayos de Montaigne y los cuadernos de Samuel Butler, tal vez un poco de Tolstoi o de Marco Aurelio. No será ni alentador ni agradable pero contendrá numerosos pasajes de un humor sorprendente. Para la clase alta (que jamás ha creído en otra cosa que la experiencia) su valor será meramente relativo y todos los mayores de treinta años se referirán a él calificándolo de “deprimente”.
Este preludio pertenece a la historia de un joven que vivió, como tú y como yo, antes del libro.”
COMENTARIO
Muy pocas novedades podría aportar yo en cuanto a la literatura de Scott Fitzgerald. Un autor de su talla y de su fama apenas necesita presentación. Pero para aquellos que reconozcan el mito sin haberse introducido plenamente en su universo he elegido una de sus primeras obras, la clase de obra que augura nítidamente las características primordiales del estilo de Fitzgerald. Se trata de una recopilación de relatos escritos en su juventud (con apenas veinticuatro años) recién entrada la década de los años 20. Dos factores fundamentales: juventud y los años 20. La juventud es el valor más destacable en un escritor que durante muchos años fue la gran promesa de la literatura norteamericana pero que, con el pasar del tiempo, se derrumbó tan contundentemente como se había elevado; los años 20 no sólo son la época que él describe en su momento de apogeo sino que la figura misma del Fitzgerald atractivo, ingenioso, chispeante e inteligente responde a una representación de los ideales de ese corto período. Popularizó la denominación “Edad del jazz” que empleaba para referirse a una década fastuosa donde los valores del siglo anterior habían terminado por desplomarse tras una guerra encarnizada a la que todos querían olvidar para dar paso a una explosión de optimismo ilusorio. Flapper, The roaring twenties.
Digno representante de la llamada “Generación Perdida” Scott Fitzgerald basó su obra literaria en su propia vida, por ello es esencial conocer algunos aspectos de la misma para poder entenderla. Sureño, con antepasados católicos irlandeses, se alistó en el ejército durante la Gran Guerra. Elegante, guapo, amante del lujo, tuvo una existencia cosmopolita pasando largas temporadas en la Riviera francesa. Tras una vida de lujo y desenfreno, se arruinó y terminó escribiendo guiones en Hollywood para morir alcoholizado a los 45 años. Por entonces todavía vivía, recluida en un manicomio, su esposa y eterna musa, Zelda Sayre. El encuentro con Zelda Sayre es crucial en la vida de este escritor. Ella también representa a la nueva mujer de esa nueva era que se inicia. Una belleza sureña extravagante, descocada, moderna, liberada. Una auténtica “flapper”, término utilizado para nombrar a las jovencitas que pululan por sus novelas y que destacan no sólo por hacer gala de una belleza exultante y una sensualidad desinhibida sino también de una personalidad despreocupada, ingeniosa, vivaz e interesada por el momento presente. Ella inspiró la mayoría de sus heroínas. En “ Flappers y filósofos” varias de las protagonistas nos recuerdan con su cabello rubio, sus ojos claros y sobre todo su actitud desenvuelta a la Zelda de los primeros años de esplendor. Interesada por el la vida artística (escribió una reveladora autobiografía, Save me the waltz) su trayectoria vital siguió la misma línea descendente que su marido con el que mantenía una relación tormentosa caracterizada por los celos sentimentales y profesionales.
Las palabras “Flapper” y “filósofo” son términos que se contraponen y a la vez se unifican. “Filósofo” nos hace pensar en antigüedad, en clasicismo. “Flapper” es un neologismo, una novedad, el triunfo de la actualidad. En consecuencia, esta anteposición para denominar un conjunto de relatos habla de una nueva filosofía, del florecimiento de una nueva moralidad. Emergen otros valores, rigen nuevas normas y la belleza unida a la juventud es el valor supremo.
Es ineludible la importancia del físico en la obra de Scott Fitzgerald. Rara es la vez en que el protagonista no irradia un atractivo irresistible. En “Flappers y filósofos” ocurre otro tanto de lo mismo, incluso con personajes alejados del mundo como el religioso Keith. Podemos verificarlo en el relato “El pirata de la costa” con esta digresión:
“La belleza tiene que ser asombrosa, abrumadora, tiene que atravesarte como un sueño, como los fantásticos ojos de una mujer.” La belleza de la mujer está por encima de toda belleza y la mujer, a su vez, es un sueño, un ideal inalcanzable. Por lo tanto, belleza, mujer e ilusión son sinónimos. Incluso el barco donde transcurre la escapada de este mismo relato se llama “Narcisus”, epítome del egocentrismo, de la belleza ideal y la adoración por uno mismo.
Existe incluso un preferencia destacada por determinados detalles. Los ojos de los protagonistas suelen ser claros, preferiblemente grises. Denotan belleza y otras cualidades igualmente atractivas como la determinación o la curiosidad. Asimismo la edad predilecta parece ser los diecinueve años, un momento en que se abandona la adolescencia y se entra en la plenitud de la juventud.
Al fin y al cabo este libro representa los inicios de un escritor que se proclama adalid de la exaltación de lo joven. La descripción es otro rasgo imprescindible en Scott Fizgerald. En “Flappers y filósofos” habitualmente toma forma a través de personificaciones, humanizando el paisaje y a veces efectuando la operación contraria con los seres humanos:
“el sol lanzaba pequeños guijarros dorados al mar.”
“las cinco de la tarde saltaron desde el sol y se zambulleron silenciosamente en el mar.”
“una luna pálida sonreía con los ojos borrosos al mar”.
“las olas del océano eran las cabezas de los caddies curiosos, las de los chauffeurs y la de la hermana sorda del profesor de golf.”
Todavía carente de la simbología de El Gran Gatsby (1925, considerada su obra maestra), fabrica hermosas imágenes que ambientan el momento pero que recrean vívidamente las sensaciones experimentadas por los personajes. El sol emite deslumbrantes brillos que repercuten hasta en la luna. Simboliza así la fastuosidad de la época, de los años veinte pero también de los años de enamoramiento e ilusión. Y ¿qué es la ilusión y el enamoramiento sino un mero espejismo?
Otras guardan una significación más evidente:
“A los dieciocho años las convicciones eran colinas desde las que se miraba el mundo.”
La antítesis viejo-nuevo se evidencia incluso en mínimos trazos descriptivos que podrían pasar desapercibidos:
“Sally Carol Happer apoyaba su barbilla de diecinueve años sobre al alféizar de cincuenta y dos de la ventana de su habitación mientras contemplaba el antiguo Ford de Clark Darrow doblar la esquina.”
Refulge el poder indestructible de la juventud, de los que se van a comer el mundo. Pero es una alegría falsa, una seguridad sin firmeza porque en el fondo se esconde, palpita, bulle la convicción, el reconocimiento de que es un esplendor fugaz, un florecimiento engañoso y aparente, momentáneo e insuperable, que nunca volverá a repetirse. En este sentido puede relacionarse con la película “Esplendor en la hierba” de Elia Kazan que recrea el mismo período aunque apoyado en la poesía de Walt Whitman. Eso sí, siempre permanece el estilo dinámico de Scott Fitzgerald, de diálogos ingeniosos y rápidos correspondientes a unos personajes de lengua vivaz y personalidad arrolladora que adolecen de optimismo.
Fundado en el olvido de la Gran Guerra , de la herida ya restañada, el movimiento de la Generación Perdida se abandona a la inconsciencia, afianzándose en unas arenas movedizas de las que sólo es cierta una realidad: el establecimiento de un nuevo sistema de valores sin marcha atrás. Porque en dicha modernidad, aunque parezca lejana, se asienta nuestro mundo actual, basado fundamentalmente en lo joven y lo hermoso, pilares indispensables para el éxito.
Esta es una breve reseña de la temática de estos relatos:
“El pirata de la costa”: Ardita y su amante se descubren igual de salvajes y rebeldes, dos jóvenes que ven el mundo desde una nueva perspectiva.
-“El palacio de hielo”: las diferencias entre el modo de vida sureño y el yanqui permanecen visibles pasados muchos años desde la guerra de Secesión. El contraste de climas (el calor y la luz frente al frío del norte), son claves para que se produzcan estas diferencias en las relaciones personales.
-“Cabeza y hombros”: sobre un matrimonio dispar que en algunos aspectos nos recuerda la relación de celos profesionales entre Fizgerald y su esposa.
-“La fuente de cristal tallado”: una maldición interiorizada basada en una realidad acaba tomando cuerpo en una belleza venida a menos.
-“Bernice se corta el pelo”: la humillación de una muchacha provoca su primer golpe de rebeldía.
-“Bendición”: el encuentro entre dos hermanos, la joven Lois y el jesuita Keith, revela el principio del desmantelamiento de la fe católica que comienza a ser cuestionada.
-“Dalyrimple se equivoca”. Tras la vuelta de la I Guerra Mundial, un joven descubre que de nada sirve el heroísmo en la vida cotidiana y se enfrenta al desengaño y la decepción.
-“Los cuatro golpes”: cuatro momentos en la vida de un hombre llamado Samuel Meredith le enseñan a encontrar su actitud frente al mundo.
OBSERVACIONES:
Es indudable que la obra de Scott Fitzgerald tenía todas las posibilidades de ser trasladada al cine innumerables veces. Tal vez las versiones más conocidas sean Suave es la noche con Jennifer Jones y por supuesto El Gran Gatsby, protagonizado en los años 70 por Robert Redford y Mia Farrow. También resulta curioso descubrir que incluso una actriz como Sigourney Weaver tomó su nombre de pila de un personaje mencionado en El Gran Gatsby.
Otras obras de Scott Fitzgerald, además de las nombradas:
- A este lado del paraíso, su primer gran éxito.
- Los hermosos y malditos, una transposición de su vida con Zelda.
- Cuentos de la edad del jazz.
- Todos los hombres tristes.
- Toque de diana.
- El gran magnate, su testamento inacabado.