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AHÍ LES DEJO MI RETRATO-FRIDA KAHLO
Título: Ahí les dejo mi retrato. FRIDA KAHLO
Editorial: Lumen, 2005
Prólogo: Ana María Moix.
Introducción y notas: Raquel Tibol.
Formato: 401 págs, 6 fotografías, 22 cms.
Cartas
“Recado para Adelina Zendejas
Si te quitas lo cobarde y miedosa escápate y ven al anfiteatro; el Genio Panzudo está retocando el mural, ha prometido explicarnos el tema y decirnos quiénes fueron sus modelos pa los monotes. Tu cuata.
FRIEDA PATA DE PALO DE COYOACÁN DE LOS COYOTES.
NOTAS: Adelina Zendejas (1909-1993), periodista, maestra de historia y literatura, fue contemporánea de Frida en la Escuela Nacional Preparatoria.
Se refiere a Diego Rivera, quien en 1922 pintaba en la Preparatoria el mural La Creación .”
COMENTARIO
Antes de que termine el año no quiero dejar pasar la oportunidad de homenajear a una figura de la cual se cumple el centenario de su nacimiento: Frida Kahlo (1907-1954). Curioso centenario este cuando su protagonista decía siempre haber nacido en 1910, no por coquetería sino porque quería estar relacionada personalmente con la fecha en que estalló la Revolución mexicana. La editorial Lumen, dentro de su ciclo dedicado a memorias y biografías de personajes con destacados currículum vitae, publicó estas 83 cartas que presentadas cronológicamente constituyen una reveladora biografía epistolar. Raquel Tibol, quien conoció en vida a la pintora, se encargó de recopilarlas abriendo la puerta a unas vivencias que nunca dejan indiferente. Se echa de menos alguna muestra de los manuscritos originales y una explicación más extensa en las notas adjuntas sobre los detalles biográficos a los que aluden las misivas. Pero por otro lado la presentación del libro reviste algunas ventajas; por ejemplo, el lector se enfrenta de la manera más limpia y directa con el alma de la mujer dejando aparte a la artista. Aunque no podemos asegurar que alguna vez se haya producido la separación entre la pintora y su vida personal pues Frida Kahlo es un claro ejemplo de artista totalmente identificado con su obra. A pesar de lo inquietante, extraña o impactante que resulte su pintura nada hay en ella de arbitrario u onírico. Con razón Frida siempre negó pertenecer al movimiento surrealista. Primero: porque la originalidad de su obra es difícilmente clasificable dentro de un ismo. Segundo: porque su obra es su vida y su vida es su obra. Frida se autorretrata constantemente y es la reiterada protagonista de sus cuadros y sus cuadros alcanzan la plenitud gracias a la plasmación de una personalidad tan arrolladora como es la suya.
Su pintura comenzó como terapia expresiva de su propio calvario, como desahogo para un alma desgarrada por un cuerpo destrozado físicamente pero finalmente acabó impregnándose de la propia Frida. Su carácter abunda en contrastes y esto se refleja a través del lenguaje. Hay pasión en cada palabra que escribe y no sólo pasión amorosa. Hay pasión por la vida y lucha por conservarla, pero también hay decepción y desaliento. Dolor, coraje, rabia, dulzura, cariño, inquietud, esperanza. Todo ello se conjuga a lo largo de un proceso evolutivo desde el primer apunte a los quince años-una reflexión sobre la soledad- hasta el último, -una especie de elegía dedicada a su amiga Chabela Villaseñor muerta un año atrás- anticipo de su pronto final el 13 de julio de 1954.
La mayor característica de su discurso es la espontaneidad. Encontramos humor, ironía, afectuosidad, rudeza, todos los niveles posibles en una fuerte sensibilidad, pero, sobretodo y ante todo, su lenguaje es claro, sincero, descarnado y, como corresponde al estilo epistolar, muy coloquial. Puede ser dura y directa y también cariñosa y cercana, reírse de sus propias desgracias con sarcasmo o llorarlas amargamente. La ternura hacia el destinatario está siempre presente y por ello siempre le dirige algún detalle: a uno de sus amantes, Nicholas Muray, fotógrafo estadounidense nacido en Hungría, le escribe siempre en inglés pero a veces añade algún poema mal pergeñado en húngaro; al músico Carlos Chávez le honra con un corrido mexicano; para la mayoría de sus amigos decora las cartas con dibujos, inventa poemas y juega con las palabras y los dobles sentidos. Disfruta firmando con motes que utiliza repetidas veces. Algunos ejemplos con los que se autodenomina son: Frieda, Frieducha, La Poderosa, La Malinche, Doña Frida La Malhora, Xóchitl, La Chicha, Rebeca, Mara (empleado sobre todo en sus aventuras amorosas) o simplemente “Tu F.”. En cuanto al tratamiento de los destinatarios siempre suelen ser muy afectuosos. Se dirige dulcemente a “doctorcito querido, Mi Alex, Mamacita Linda, Diego, mi niño lindo”.
Es importante destacar el epistolario dirigido a su marido, el pintor y muralista Diego Rivera, un hombre veinte años mayor que ella al que trata con una ternura, paradójicamente, casi maternal. La tempestuosa relación con Diego es una relación de interdependencia, quizás debida a la escasez económica y precaria salud de Frida por un lado y el carácter voluble y a veces infantil de Diego. Resulta contradictorio en una mujer tan rebelde para su época el nexo irrompible que le une a su esposo. No sólo por su enfermedad sino por la carrera profesional de Diego, Frida viaja a Estados Unidos y se aleja por una temporada de su amado México. Un doble sacrificio si tenemos en cuenta que ella desprecia el mundo “gringo”, una forma de vida deshumanizada, una sociedad hipócrita y falsa entregada a las apariencias frente a la autenticidad de la cultura mexicana que ella adora.
Fruto del matrimonio entre Guillermo Kahlo, judío de origen húngaro, fotógrafo que sufría de ataques epilépticos, con la mestiza Matilde Calderón, hija de un militar español y una indígena, Frida emergió mezcla de varias sangres y razas. Siempre reivindicativa de sus orígenes, especialmente de sus raíces indias, de su sentir por la tradición de los nativos, utiliza elementos populares y les confiere su toque personal. Incluso su forma de vestir fue siempre rompedora: se viste de hombre, se viste de india, busca ser siempre diferente.
La nota que he tomado como ejemplo pertenece al período inicial de su vida. La he elegido por varias razones. Corta y directa, en breves palabras deja entrever a la futura Frida, apasionada y vivaz, interesada por todo lo novedoso. Es en la Escuela Preparatoria donde entra en contacto con Diego Rivera “el Genio Panzudo” aunque esto no sea ni siquiera el germen de su futura relación. La firma alude a la poliomielitis que sufrió durante su infancia y que le dejó una pierna más corta. “Coyoacán” es el barrio de México (entonces a las afueras) donde residió casi toda su vida, concretamente en la llamada “Casa Azul”, hoy museo dedicado a su figura. Una larga evolución se producirá desde esta nota hasta el final del epistolario ya que luego vendrán las duras experiencias de la vida que acabarán marcando su obra: el grave accidente en tranvía que la obligará a llevar un corsé de yeso repetidas veces, las múltiples operaciones y rehabilitaciones, los abortos que frustraron su deseo de ser madre, las constantes infidelidades de Diego, la amputación de una de sus piernas. Fue la suya una vida inquieta aunque la pasara casi siempre encamada debido a su precaria salud. El contacto con hospitales le llevó a entablar grandes amistades con doctores como Leo Eloesser. El matrimonio con Diego con el que compartía la pasión por la ideología comunista además de por la pintura la convirtió en amiga (y a veces amante) de importantes artistas o políticos como Carlos Pellicer, José Bartolí y hasta el mismo Trovsky.
No me importa pecar de plagiadora tomando prestado varios textos porque creo que hay cosas que se expresan mejor por sí mismas. Extraigo algunos fragmentos con su peculiar forma de hablar, llena de silogismos, refranes, dichos, expresiones particulares y sobre todo gracia y sinceridad. Así, por ejemplo, sobresalen los siguientes apuntes:
Frases como “todavía encorsetada y bastante jo...ven de edad!”, “Tú leyendo a don Ramón de las barbas de chivo” (Valle-Inclán), o el encabezamiento con la fecha “Día de los gringos (4 de julio)”, están gráficamente tocadas por el humorismo.
El primer amor/primer dolor, Alejandro Gómez Arias, que continuó siendo su amigo al pasar de los años es el destinatario del juego “spanglish” con el que acuerda una cita en su adolescencia: “Si you want mañana viernes, mi lo verá in the night, in the little tree. Pa' darnos al amor...Yo necesito que varias veces you me diga...”don' t be lagrimilla”- its very sweeet for me.”
Muestra una forma graciosa de disculparse, de enfrentarse o discutir. Cuando está enfurecida o despechada a veces es agresiva, y deja entrever un algo salvaje incluso en los detalles más cotidianos:
-“el cuadro de la Maja está ya con todo y caja en casa de Alberto chico; ojalá y se mueva el huevón y lo mande pronto pues no te imaginas qué clase de hijo de su re... es el Alberto. Nos trata a Cristina y a mí como si fuéramos sus pinches limosneras. Ya estoy tentada a sacar el resto de la mosca con tal de no andarle pidiendo frías a ese cabrón, pues se cree la divina garza montada en un avión.”
-“Queridísimo doctor: qué dirás de mí – que soy más música de saxofón que un jazz band. Ni las gracias por tus cartas, ni por el niño que me dio tanta alegría-, ni una sola palabra en meses y meses. Tienes razón sobrada si me recuerdas a la ... familia.”
La relación con Diego era un ir y venir, un enfrentamiento entre dos titanes que a la vez están preñados de dulzura:
- “Diego, mi amor, no se te olvide que en cuanto acabes el fresco nos juntaremos ya para siempre , sin pleitos ni nada, solamente para querernos mucho.”
Simpático es el modo cómo explica la ruptura de Diego con la Cuarta Internacional:- “Ya Diego se peleó con la IV y mandó a volar de una manera muy seria a “piochitas” Trotsky.”
La descripción de su dolor físico debido a la enfermedad y las necesarias intervenciones es continuo, aunque a veces lo describa con sarcasmo y se preocupe más por la salud de su esposo: -“Alex, darling, No me dejan escribir mucho, pero es sólo para decirte que pasé the big trago operatorio. Hace tres weeks que procedieron al corte y corte de huesores. Y es tan maravilloso este medicamento y tan lleno de vitalidad mi body que hoy ya procedieron al paren en mis poor feet por dos minutillos, pero yo misma no lo belivo .”
Ana María Moix escribe en el prólogo: “escritos a corazón y verbo abiertos, los textos y cartas de Frida Kahlo aquí reunidos son, a la vez que una autobiografía, el retrato de una mujer capaz de convertir en arte lo que, para la mayoría de los mortales, es el pozo negro, el lado estéril de la existencia.”
Impulsiva, vanguardista pero individualista, inefablemente única, su obra arranca desde la piel, en carne viva plasmada a través de un colorido exultante para mostrarnos una mujer sin medias tintas.
OBSERVACIONES
Otras obras sobre Frida Kahlo:
El diario de Frida Kahlo-Un íntimo autorretrato. Con una introducción del escritor mejicano Carlos Fuentes, está dirigido a lectores conocedores de este personaje que quieran empaparse de él hasta los tuétanos. Salpicado de apuntes y dibujos, decorado profusamente desde la camisa del libro, profundiza en la obra y la intimidad de Frida. Se trata de una recopilación de impactantes facsímiles de su diario íntimo, exhaustivamente documentado, plagado de transcripciones y descripciones, desgloses y comentarios sobre las cartas.
Para conocer superficialmente su vida y obra:
Frida Kahlo-Miradas en el espejo, de Arturo Alape y Carlos Montalvo. Más sencillo y escueto pero no menos revelador repaso a su vida.
Frida Kahlo-Fantasía de un cuerpo herido de Araceli Rico. Breve ensayo centrado en su obra artística.
Tras un primer acercamiento son de interés:
Mi hermana Frida, de Bárbara Mújica. Se trata de una obra de ficción, biografía novelada recreando imaginariamente el punto de vista de Cristina, su hermana favorita, que le traicionó al tener una aventura con Diego.
Diego y Frida: una gran historia de amor en tiempos de la revolución , de Jean Marie Gustave Le Clezio, sobre su intempestiva relación y sus escarceos con la ideología revolucionaria y comunista.
También cabe destacar: Diego Rivera, luces y sombras, de Raquel Tibol, la misma autora de la recopilación de cartas de Ahí les dejo mi retrato.
En el año 2002 se estrenó la película Frida, protagonizada por Salma Hayek y Alfred Molina. Medianamente aceptable en su factura no acaba de profundizar en la sombría realidad de la pintora.
ESTRELLA CASARES |