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LA CANCIÓN DEL MAL AMADO Y OTRAS DESMITOLOGÍAS

Título: La canción del mal amado y otras desmitologías
Autor: Javier "Lobo" Lucini
Editorial: Grupo Anaya, S.A., 2001
Prólogo: Adela Cortina
Ilustraciones: Alicia Cañas Cortázar
Formato: 173 pgs, 22 cms

"Nada más nacer, Hefesto fue expulsado del Olimpo.
Su madre, Hera, esposa de Zeus, al verle tan feo y tan contrahecho, avergonzada de haber dado a luz a una criatura tan lamentable, le cogió precavidamente de un pie, descorrió las nubes de un manotazo y, sin ningún miramiento, dándole una patada en el trasero, le arrojó hacia los abismos de la Tierra inexplorada."

COMENTARIO

Este fragmento inicia el relato (recreación, recordatorio o reinvención, la verdad es que no sabría cómo llamar a cada una de estas historias ya conocidas de antemano pero recuperadas y desglosadas por Lucini) que da título al libro. Está escogido deliberadamente para seguir el gusto del autor, que, debido a su espíritu un tanto iconoclasta, toma a Hefesto como su dios predilecto precisamente por ser el más desfavorecido y olvidado de todos los dioses. Simplemente, "por llevar la contraria".
A pesar de ostentar un título tan rimbombante, este es un libro sencillo apto para niños y mayores. Con su afán desmitificador el autor fomenta el interés por la mitología logrando así el efecto contrario a lo que en principio se podría esperar. A través de la reconstrucción del mito clásico con un toque divertido, se nos da una visión positiva y desdramatizada de las historias que configuran el material mitológico. La violencia y la tragedia se liman hasta desaparecer. Un destacado ejemplo es la conversión de la famosa guerra de Troya en un amistoso partido de fútbol entre aqueos y troyanos.
Su apariencia es descuidada, con un punto de vista lúdico que consigue a la vez ser didáctico porque evita el miedo y el respeto que nos produce, quizás por desconocimiento, todo lo referente al mundo clásico.
Así nos encontramos con unos héroes desposeídos de su valía sobrehumana (un Orfeo egocèntrico, un Ulises nostálgico, hasta un Hércules doméstico) y con unos monstruos y bestias carentes de su índole terrorífica (la Esfinge apiadándose de sus víctimas, una Medusa "despeinada", un Minotauro aburrido), rescatando a unos y otros para habitar un mundo más cercano. Todo ello acompañado de unas ilustraciones que no desmerecen el aspecto juguetón que respira toda la obra.
Sin mayor pretensión que la de distraer, el autor llega hasta otros objetivos: provocar la curiosidad por el mito original o aumentar la capacidad de inventiva descubriendo que la tradición no tiene por qué ser inmutable.


ESTRELLA CASARES