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LOS NIÑOS TONTOS

Título:
Los niños tontos
Autor: Ana María Matute
Editorial: Ediciones Destino S.A., Colección destinolibro, 1997
Ilustrador: José María Prim
Formato: 18 cm, 82 pgs, 11 ilustraciones.
Relatos breves

" Una noche nació un niño. Supieron que era tonto porque no lloraba y estaba negro como el cielo. Lo dejaron en un cesto, y el gato le lamía la cara. Pero, luego, tuvo envidia y le sacó los ojos. Los ojos eran azul oscuro, con muchas cintas encarnadas. Ni siquiera entonces lloró el niño, y todos lo olvidaron."[EL NEGRITO DE OJOS AZULES]"
"La niña de la carbonería miró a la luna con gran envidia. "Si yo pudiera meter las manos en la luna", pensó. "Si yo pudiera lavarme la cara con la luna, y los dientes, y los ojos".[POLVO DE CARBÓN]
"Al hijo de la lavandera daban ganas de abrirle la cabeza pelada, como un melón-cepillo, a pedradas; la cabeza alargada y gris, con costurones, la cabeza idiota, que daba tanta rabia."[EL HIJO DE LA LAVANDERA]

COMENTARIO
Lo que desconcierta al primer golpe de vista en este libro es, sin lugar a dudas, su título:"Los niños tontos". ¿Qué es lo que se esconde tras un adjetivo aparentemente tan simple como "tonto"?. El adjetivo se refiere a "niños" pero su significado se relaciona intrínsecamente con el enfoque de los adultos. Los protagonistas son niños extraños, enigmáticos, casi insólitos. Su comportamiento no es el habitual, sus reacciones son inesperadas para padres, profesores, y otros niños, es decir, para la sociedad en general. Por eso el destino de estos seres es irremediablemente la muerte. Es la única opción para, paradójicamente, obtener una vida propia.
Abocados a un desenlace trágico, son suicidas desde su nacimiento, marginados debido a una compleja problemática interior que a veces incluye la crueldad hacia los seres objeto o causa de su marginación (es el caso de "El niño de los hornos", "El incendio", "El niño que no sabía jugar").
Acompañados de dibujos trazados con líneas tan sutiles como el propio texto , estos cuentos se reducen al formato del microrelato (el caso más evidente, "El jorobado", con apenas diez líneas) con la dificultad de encontrar la palabra exacta, el giro concreto, la pausa perfectamente situada que le confieran la precisión de un mecanismo de relojería.
La expresión de sus anhelos más exacerbados, un mundo interior que sobrepasa la realidad, es trazado por la narradora a través de una prosa tan poética que, en la mayoría de los casos, puede hacer sentir la musicalidad de las palabras, las pinceladas de una obra sublime inacabada.
Escrito en los años 50, algunos oficios (carbonero, ropavejero, lavandera) y situaciones afines a ellos están casi desaparecidos, con lo que algunos elementos circunstanciales se escapan a nuestras vivencias. Sin embargo la esencia emocional, pese al primer desconcierto, acaban minando el corazón del lector, provocando una inquietud indeleble basada en la contradicción. Esta contradicción radica en que los personajes son niños maduros que no dejan de ser niños, pequeños viejecitos en un limbo terrenal. Nada más desorientador e incomprensible para el mundo que les rodea. Nada más turbador.

ESTRELLA CASARES