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USTED

Título: Usted.
Autor: Almudena Guzmán.
Editorial: Ediciones Hiperión, S.L, 1994.
Formato: 68 páginas.
Poesía

“Una mujer de ron y esmalte negro,
flequillo y vagina cosmopolita,
me abre sus piernas tras los cristales del meublé.

Es la niebla”.

COMENTARIO

En 1984 Almudena Guzmán logró ser finalista único del Primer Premio Hiperión de Poesía gracias a esta obra de curiosa factura. Por entonces contaba tan sólo veintidós años y cursaba estudios en la universidad. Poetisa precoz, inició su andadura en la literatura a la edad de quince años. Si, como habitualmente ocurre, el poeta escribe desde un punto de vista altamente subjetivo, en el caso de Almudena Guzmán la juventud es un rasgo insoslayable para entender la tónica de Usted. La palabra “usted” nos remite a un mundo un tanto obsoleto donde el respeto viene impuesto por las reglas. La relación amorosa fundamento y eje de la obra se establece entre dos personas distanciadas por el status: alumna y profesor. “Usted” es el término que mejor expresa esa separación reglamentada pero al mismo tiempo cumple otra función lírica: endiosa e idealiza al amado frente al que ama, frente al que desea. Este último -al menos al principio- está encarnado por la poetisa.
Almudena Guzmán incorpora dos rasgos novedosos en esta pequeña joya literaria. Uno es el empleo de elementos cotidianos como vehículo lírico; el otro es la consecución de una narración vertebrada por poemas. Ambos consiguen una mayor aproximación al lector. La simbología de su lenguaje está sacada directamente de una realidad familiar. Se trata de una experiencia cercana con la que muchos han fantaseado. Incluso desconocemos si esta situación se ha dado realmente en la vida de la poetisa, pero está recreada tan intensamente que cruza el umbral de la imaginación con total osadía. Sus versos libres derraman un erotismo desbordante y agudo, casi palpable. Asimismo, el tratamiento narrativo de la historia nos ayuda a comprender más la evolución de sus sentimientos. El poemario se divide en cinco partes donde se reconocen perfectamente las cinco fases de cualquier proceso amoroso. Son las etapas de una relación amorosa - con sus altibajos – por las que, quien más quien menos, ha pasado. Recorremos la distancia entre el inicio de una relación y su final siguiendo una gradación de sentimientos y situaciones que van desde el deslumbramiento, la aproximación, la ausencia, el deseo, el encuentro, la pasión hasta el dolor del desencanto, la resignación y el olvido. Un ritmo narrativo establecido gracias a una continuidad del todo verosímil.
Los ejemplos hablan por sí mismos. En el primer capítulo asistimos al encuentro de los futuros amantes. Todavía la poetisa es el ser anhelante que reconoce a su profesor como algo inalcanzable. Y podemos visualizar con perfecta claridad la escena que se produce entre ambos.

(I)
“Justo el día en que llevo gafas y un jersey
horroroso
usted descubre mi arrinconada existencia.

Le hablo con la sorpresa de no sorprenderme al tocar una
ardilla
Y contengo como puedo este alud de labios para no
abalanzarme sobre su nuca
mientras guarda, de espaldas a mi sombra creciente,
unos papeles en la carpeta.”

La imposibilidad de saciar el deseo incontrolable se compensa o mitiga con amores sucedáneos. La sensualidad se derrama por cada verso. No hay fragmento en el que no encontremos la expresión exacerbada de alguno de los cinco sentidos.

(II)
“Señor,
las horas desnudas,
como limones al trasluz,
se exprimen en mi muñeca
de una manera desesperadamente cobarde:
estoy, para variar y por no quedarme en casa,
con alguien que me aburre los besos.”

Y al fin se produce el encuentro de los amantes y llega la explosión de la pasión.

(III)
“Presos los dos de aquel imposible decoro
adolescente,
ni yo me sonrojé ni usted tampoco hizo nada por llamarse
al orden
cuando después de las risas y las aceitunas rellenas,
habiéndonos lubricado previamente el oído
con una minuciosa lista de vicios sexuales,
fuimos al amor como quien va al estanco de los primeros
cigarrillos.”

Hasta tal punto se evidencia el erotismo que se vuelve carnal, tangible, incluso cotidiano, y todo ello gracias a la mezcla de ensoñaciones y realidad nacidas de situaciones familiares.

(III)
“La ventana me remite a su coche,
el coche al beso,
el beso a la oreja que anda siempre perdiendo pendientes,
la oreja a la boca,
la boca a las medias porque las rompe,
las medias al…
-¿Tienes un bolígrafo de más?
-Toma, y a ver si dejas de pedirme cosas,
que contigo al lado no hay quien coja un apunte,
Mari Carmen.”

Inexorablemente, la pasión deja lugar al hastío, al desencuentro y en consecuencia, al alejamiento.

(IV)
“Un camarero sin labios
que ya desde el principio,
al abrir la puerta,
nos encerró en sus ojos de castillo
habitado por ratas,
acaba de servirnos
una bandeja llena de amorosas lenguas desmigajadas.

(Dicen que se llama silencio).”

La última parte la conforma un único poema que, tras la decepción dolorosa, nos presenta el desencanto y el olvido, la superación definitiva de la relación que conlleva alcanzar un punto de total indiferencia. El amor ha dejado de ser el centro de la existencia de la protagonista, una joven que, no lo olvidemos, todavía está en sus inicios, y por tanto tiene la posibilidad de curar sus heridas con facilidad. Su futuro augura un caudal de nuevas experiencias. Pero no es optimismo lo que desprenden sus palabras sino la inevitable aceptación del transcurrir de la vida. Un fragmento de ese poema nos lo muestra con la crudeza de una realidad aparentemente intranscendental.

(V)
“Como me aburro mucho
mientras las uñas se secan,
miro de reojo el calendario:
hoy es veintidós
y este domingo desde su charco de patitos rojos
me salpica la memoria:
Creo que usted cumple años,
pero no lo sé seguro,
tampoco voy a llamarlo, la verdad,
más que nada por las uñas.”

ESTRELLA CASARES