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VIDA
DE UNA GEISHA
Título:
Vida de una geisha.
Subtítulo: La verdadera historia.
Autor: Mineko Iwasaki, en colaboración con
Rande Brown.
Traducción: María Eugenia Ciocchini.
Editorial: Ediciones B, S.A., 2002.
Formato: 283 pags, 23 cms.
Biografía.
“La primera petición para que asistiera a un ozashiki
como maiko llegó del Ichirikitei, el ochaya más
famoso de Gion Kobu, en cuyos salones privados habían tenido
lugar importantes incidentes y reuniones históricas. El establecimiento
había adquirido un carácter legendario e, incluso,
muchas novelas y obras de teatro están ambientadas en él,
algo que, por otra parte, no siempre ha beneficiado a Gion Kobu,
pues algunas obras de ficción han propagado la falsa idea
de que las cortesanas ejercen su oficio en el barrio y de que las
geiko pasan la noche con sus clientes. Por desgracia, cuando
una idea semejante arraiga en la cultura, adquiere vida propia,
de modo que, según tengo entendido, esta creencia, aunque
errónea, está muy extendida en el extranjero, incluso
entre los estudiosos de la civilización japonesa.”
COMENTARIO
Siguiendo la estela de los Iwasaki, damos un salto geográfico
hacia el origen de este apellido, Japón, para esta vez sí
sumergirnos en el misterioso y aún desconocido mundo de la
cultura oriental.
En 1997 Arthur Golden publicó su novela “Memorias
de una geisha”, un bombazo que todavía hoy
continúa siendo un best-seller y que aumentó su popularidad
gracias a la película de mismo título que se estrenó
en el 2005. Para documentarse sobre las peculiaridades que caracterizan
a la hermética comunidad de las geishas, Golden utilizó
muchas fuentes directas. Quizás la más destacada e
influyente fue la de Mineko Iwasaki, famosa geiko de Kyoto
que despuntó durante los años 60 y 70 como la primera
de su generación. Después de su entrevista con ella
en 1992 el escritor creó un personaje, “Sayuri”
, que se convertiría en la protagonista de su éxito
de ventas. Pero Arthur Golden traicionó a Mineko Iwasaki
al mencionarla en sus agradecimientos a los colaboradores del libro.
Según la antigua geisha, ella le había rogado que
su nombre no apareciera bajo ningún concepto relacionado
con esta obra ya que, de esa forma, rompería con una tradición
de silencio y discreción mantenida durante siglos. A esto
se añadían muchas situaciones equívocas de
la novela que podrían achacársele indirectamente como
informadora. Su reputación quedó seriamente dañada
y en consecuencia Mineko demandó al autor, llegando posteriormente
a un acuerdo económico.
Para resarcirse la japonesa se aventuró en la literatura
con Vida de una geisha, cuyo subtítulo La
verdadera historia hace clara referencia al enfrentamiento
con Golden. Más que una biografía es la reivindicación
de una mujer por la verdad tantas veces deformada sobre las geishas.
Su pretensión: el reconocimiento y la recuperación
de su prestigio. La verdad de las geishas es también la verdad
desprestigiada de muchos mitos. Casi siempre el ser humano tiende
a creer la versión más morbosa o excéntrica
de aquellas sociedades que nos resultan extrañas. No quiero
desmerecer a la imaginación de Golden pero quizás
él se dejó llevar fascinado por el hechizo de lo oculto.
La visión de Mineko es, por supuesto, mucho más realista.
Aunque escrita desde dentro y , por lo tanto, subjetivamente, nos
proporciona la posibilidad de comparar y creer o no a la fuente
original.
Arthur Golden situó la acción principal de su novela
entre finales de los años 20 y principios de los 50, con
la Segunda Guerra Mundial como paréntesis central, mientras
Mineko Iwasaki (nacida en 1949 con el nombre de Masako Tanaka) triunfó
en décadas posteriores. Sin embargo, el duro y arduo trabajo
para conseguir llegar a ser una “geisha” es el mismo.
Con un enfoque totalmente desmitificador, Mineko nos presenta lo
que ocurre tras el telón: las rígidas normas que dirigen
un régimen interno completamente femenino. No se permiten
errores, los detalles son meticulosamente calculados y medidos.
Nada se deja a la improvisación. Las jóvenes deben
seguir una agenda agotadora y una enseñanza casi despótica
donde el otome, “llamada de atención”
debe evitarse a toda costa. Geisha significa “artista”
y por lo tanto, la perfección estética es la finalidad
principal de su vida. La geisha (o más concretamente la geiko,
“mujer del arte”) presenta un aspecto físico
perfecto, emulando la belleza de las antiguas princesas y cultiva
sobre todo las artes de la música, la conversación
y la danza. La geiko es, en sí misma, una verdadera
pieza de arte.
La sobresaliente Mineko nos hace partícipe de su gloria y
también de sus desgracias. Así conoceremos sus orígenes
nobles, la precaria situación de su familia, la entrada a
la temprana edad de tres años en la okiya Iwasaki
para ser la futura atotori, la dura preparación
como maiko, la pasión por el arte de la danza, el
trato con figuras internacionales importantes, su gran amor con
un actor famoso, su posterior decepción amorosa, su retirada
a los veintinueve años y finalmente su fulgurante matrimonio.
Reconozco que he resumido su vida en dos plumazos, pero creo que
esto no reduce el interés por aquellos detalles cotidianos
que son realmente el atractivo de esta obra.
A continuación os dejo una lista de términos imprescindibles
envueltos en poesía, una terminología fundamental
para manejarse en estos parajes exóticos.
Mizuage: Es el término más polémico,
ya que para una geisha implica la conversión en geiko
con una ceremonia en la que el elemento sexual es totalmente inexistente.
Golden lo relacionó con la mizuage de las prostitutas, donde
su virginidad es vendida al mejor postor.
Erikae: “cambio de cuello” del kimono, del
rojo (infantil) al blanco (adulto). Otra ceremonia de cambio de
etapa en la carrera de la geiko.
Karyukai: barrio donde se desarrolla la vida de las geishas. La
de Mineko Iwasaki, al igual que su alter ego “Sayuri”
, transcurrió en Gion Kobu.
Maiko: “mujer de la danza”. Única y
exclusiva de Kyoto y por tanto, símbolo de la antigua capital
del Japón.
Okiya: “casa de geishas”, es el hogar, tanto
el recinto como la familia, la estirpe. La geiko que es
adoptada en una okiya toma el apellido de la misma.
Atotori: heredera de la casa y sucesora. Puede ser geiko
o no. Tía Oima, la predecesora de Mineko, era sólo
una naikai, “camarera”.
Ochaya: “salón de té”. Donde
ejercen su profesión y arte las geikos.
Ozashiki: “banquete”, celebrados en los ochayas.
Pueden ser un mero placer para los sentidos, un disfrute y un descanso,
o un momento para arreglar negocios.
Miyako Odori: literalmente “Bailes de la capital”,
pero conocidos como “Bailes del Cerezo”, por la época
en que se celebran (abril). Es una de los festivales más
famosos de Kyoto donde las geikos muestran su arte.
ESTRELLA CASARES |