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ACUARIO (20/21 de enero-19/20 de febrero)

Símbolo:
el aguador
Planeta regente: Urano
Elemento: aire
Características: undécimo signo del Zodíaco, fijo, positivo/masculino.
Cualidad fundamental: la libertad.
Personalidad: excéntricos, diplomáticos, independientes, de apariencia fría y calculadora, sujetos a un cambio continuo, imprevisibles, inconformistas, les fascina provocar, visionarios, adelantados a su tiempo, polemistas, no se dejan llevar por las emociones, variables, contradictorios.
Personaje literario de este signo: Colette (1873-1954)
Colette (cuyo verdadero nombre era Sidonie Gabrielle Claudine) fue un personaje escandaloso donde los haya, trascendiendo su personalidad dentro de una época (la Bélle Epóque) caracterizada por los cambios y la novedad. Su biografía es apasionante: casada tres veces, fue también una proclamada lesbiana, periodista en el frente de la I Guerra Mundial, actriz de music-hall (famosa por desnudarse en escena) y escritora. Sus comienzos, sin embargo, fueron bien diferentes. Casada con el periodista Henri Gauthier-Villars (conocido como "Willy") la serie de novelas "Claudine" donde el personaje principal parecía un alter ego de Colette, fue firmada por su marido. Cuando se descubrió la verdadera autoría de los libros, la carrera y la vida de Colette despegó para convertirse en el paradigma de la mujer independiente y trasgresora.

Obras: "Gigi", "La gata", "La vagabunda", "Sido", "El otro", "Querido", "El fin de Querido".

MANOLITA "LA MODERNA"

¿Dónde se mete
la chica del 17?
¿De dónde saca
"pa" tanto como destaca?

Si sonaba esta canción en el gramófono, a la par que María Manuela hacía sonar sus tacones sobre el empedrado callejero, muchas eran las miradas insidiosas y más aún las sonrisas suspicaces que la acompañaban. Sibilinos susurros de serpiente seguían a aquella sirena de tierra.
A María Manuela la chuleaba un pollo del barrio chino de voz suave y mano pesada que sabía templar las cuerdas de una guitarra mejor que templaba las carnes de una mujer. A María Manuela le daba el pan un señorito andaluz de talle fino y andar resuelto que coleccionaba modistillas en flor cada vez que salía de su cortijo feudal. A María Manuela la ojeó un pintor con fama de cazador de bellezas, un día paseando por la plaza. "Con mi pincel te desnudaré las carnes del alma", le dijo. Pero se limitó a las del cuerpo. ¡Pobre diablo! Con cada trazo esbozado en el lienzo dejaba escapar la presa de sus garras de iluminador iluso.
En el pueblo, a María Manuela se la benefició su padre para hacerla esposa sin beneficio y madre con mucho oficio de sus huérfanos hermanos. Luego, desgraciada como estaba, con honra irreparable pero cuerpo aprovechable se fue a la ciudad a amortizar su lozanía. Y allí, en una sombrerería primero y en una tienda de modas más tarde, la amortizó y sobretodo la afinó para no ser menos que las señoritas de pitiminí a las que atendía.
Y más que afinarse, se sofisticó y se modernizó para poder alardear de que nadie seguía mejor que ella el sino de los nuevos tiempos: corte a lo garçon, flequillo recto, pantorrillas destapadas, interminable collar de cuentas. Aún no sonaba el charlestón en la España cañí y María Manuela inventaba otros bailes locos de atar y desatar pies y cabezas.
"Una perdida", decían, pero ella sin pérdida seguía la senda que le llevaba rumbo hacia el París alumbrador de luces y neones, paraíso de sus sueños. Siempre con el caminar retumbante, la mirada al frente, la sonrisa desafiante, el ondular de los brazos al ritmo de las firmes caderas, dueña del viento, dueña de la tierra que pisaba, dueña de sí misma, pura poesía libre de cadenas.
Y en su interior, era otra la canción que sonaba: "Pisa, morena, pisa con garbo..." Sólo un estribillo, sólo cinco palabras, el resto (una triste historia de tragedia folclórica) se volatilizaba en el aire a cada paso que María Manuela imprimía en el pavimento exprimiendo su alma entera: jugo de pavo real de oriente derramándose triunfante sobre la anodina tierra de las murmuradoras.

ESTRELLA CASARES