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ARIES
(20/21 de marzo-19/20 de abril)
Símbolo: el carnero
Planeta regente: Marte
Elemento: fuego
Características: primer signo del Zodíaco,
cardinal, positivo/masculino.
Cualidad fundamental: La autoestima.
Personalidad: decididos, impulsivos, irreflexivos, osados,
nunca se desalientan, algo infantiles, tremendamente egoístas
y egocéntricos, siempre quieren llegar o ser los primeros
por lo que son muy activos y dinámicos, están llenos
de energía y de un entusiasmo desmedido y tienen sus ojos
puestos en el futuro más inmediato.
Personaje literario de este signo: Hans Christian Andersen
(1805-1875)
El escritor más popular de Dinamarca fue toda su vida tan
niño como los lectores para los que escribía. Su existencia
comenzó al más puro estilo de uno de sus cuentos ya
que, hijo de una lavandera y de un zapatero remendón, vivió
su infancia en medio de la pobreza. A los catorce años huyó
de su ciudad natal, Odense, para ir a Copenhague. Allí, gracias
a su afán de superación, logró convertirse
en actor, poeta y novelista. Pero fueron sus cuentos los que le
dieron fama, debido a un estilo renovador que buscaba el acercamiento
al público infantil, algo inusual hasta entonces. Gran viajero,
gozó de gran éxito en otros países, pero, trabajando
para la nobleza, siempre le acompañó el complejo de
inferioridad que conllevaba su ascendencia humilde.
Obras: El improvisador o Vida en Italia, Un paseo desde el
canal de Holmen a la puerta Este de la isla de Amager, El patito
feo, La sirenita, El soldadito de plomo, La pequeña cerillera,
La reina de las nieves.
EN EL PRINCIPIO ERA YO
En el principio era yo, y si hubo alguna vez un antes para mí
no existe.
Levanto mis manos y palpo la superficie de mi piel. Lentamente recorro
cada parte de mi rostro. No hay protuberancias, ni llagas, ni marcas.
Parece estar perfecta. Al menos al tacto eso es lo que parece. A
la vista, no lo sé. No hay espejos ni nada que pueda devolverme
mi imagen en esta estancia hermética. Tampoco hay luz. La
atmósfera es agobiante. Hace tiempo que se hace casi irrespirable.
Y la oscuridad la cierra todavía más sobre mí.
Posiblemente este espacio no sea tan pequeño como yo creo
pero ya no puedo soportarlo más. Creo que ha llegado el momento...
mi cuerpo pide salir. Tengo hambre de sol, aunque me ciegue. Es
hora de abrir la puerta que ya no es infranqueable. Sin duda, es
hora de salir.
Levanto mi rostro y dirijo la vista hacia el horizonte. También
hay oscuridad pero está viva. El aire es fresco. Roza mi
cuerpo y me da vigor. Y, (ahora me doy cuenta), hay luz. Es una
luz en lo alto, hecha a trozos. Son varias pequeñas luces,
guías, sí, estrellas. Sé que debo seguirlas,
viajar hacia el Norte, buscar agua.
He caminado hasta perder a mis guías. Las sustituye ese sol
que tanto echaba de menos. El horizonte más interminable
que nunca he visto se extiende ante mí. Que nunca he visto...
es un error decir esto. No existe el nunca, porque, como he dicho
(como siento), no existe el antes. ¿Y el después?
El después está ahí, en ese horizonte inmensurable
o más allá del mismo. Al final de ese infinito. "Al
final", "infinito", ¡qué gracia!, las
palabras parecen anteponerse entre ellas, eso tiene un nombre, creo...
no sé, ya lo recordaré.
En medio de la llanura extensa que se llama desierto, (otros nombres
vienen a mi memoria al observarlo: Sahara, Gobi) me ha ocurrido
algo curioso y también desesperante. A lo lejos he descubierto
un gran charco de agua. ¡Que alegría he sentido! Realmente
empezaba a azotarme la sed. El sol es ya demasiado abrasador. Pero
ese sol parece haberse reído de mí. Al llegar al charco
no he llegado. No he llegado porque ya no estaba. "Espejismo",
creo que ese era el nombre de este juego cruel y vanidoso. Vuelvo
a equivocarme. Ese no "era" su nombre puesto que no existen
los recuerdos. Son recuerdos de nada, porque ya han muerto las palabras
nunca vivas. ¿Tenía ese nombre? No, vuelvo a decir:
no lo tenía, ahora lo tiene, ahora que empiezo a nombrarlo.
Todo es nuevo. Todo nace.
La llanura de arena que mortifica mis pies es también un
desierto nuevo. Ha surgido después de la muerte, la muerte
de los que nunca existieron, de los que no existen.
Sigo mi largo camino hacia el Norte. Hoy ha ocurrido algo sorprendente:
he avistado una figura extraña y familiar al mismo tiempo.
Estoy muy seguro de verla. No es un espejismo sino casi el reflejo
de mí mismo. Se mueve, se aproxima inexorablemente. Y yo
la espero, observándola sin aliento. Camina como yo, su piel
brilla como la mía, está semi-desnuda al igual que
yo, pero es distinta. Sus miembros son más finos que los
míos, y, no sabría explicarlo, tiene algo diferente
a mí... ¿Y si.... quiere,(o peor) puede hacerme daño?
¿Será mejor esconderme antes de que me descubra? Pero
nada es peor que quedarse aquí y no avanzar. Yo no voy a
dejar de avanzar. Ya puede intentar impedírmelo ese ser con
forma humana. No va a afectarme... Reanudo mi andadura directo hacia
ella. No va a afectarme en absoluto. Y mucho menos ahora, ahora
que he llegado aquí, ahora que se acerca y dirije la vista
hacia mí, ahora que veo sus ojos, y en sus ojos leo la mirada,
leo el pensamiento, ese pensamiento que entra en mí y que
dice (¿cómo es posible?), que dice:
"En la lejanía he visto ese cuerpo tan semejante al
mío, pero más fuerte, más alto. De algún
modo es diferente a mí, y es igual. Me observa (y eso me
gusta) no con miedo, sino con curiosidad. La misma que siento yo.
Quizás ha valido la pena venir hasta aquí, en este
viaje hacia el Sur, buscando algo mejor, algo mejor que ese antes,
ese pasado que... si alguna vez existió, ya no importa, porque...
porque.... en el principio era yo."
ESTRELLA CASARES
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