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CÁNCER (21/22 de Junio-19/20 de Julio)

Símbolo: el cangrejo.
Planeta regente: la Luna.
Elemento: agua.
Características: cuarto signo del Zodíaco, cardinal, negativo/femenino.
Cualidad fundamental: el amor a la familia.
Personalidad: flemáticos, impresionables, hipersensibles y por lo tanto susceptibles, caseros y rutinarios pero amantes de los viajes, conservadores, minuciosos, románticos y llenos de un profundo sentido religioso, aman su pasado y tienen un fuerte sentido maternal.

Personaje literario de este signo: Ernest Hemingway (1898-1961)

Uno de los escritores norteamericanos que más ha influido en la literatura del siglo XX. Su vida estuvo jalonada de experiencias que plasmó con crudo realismo y sobriedad en sus novelas. La guerra (él mismo participó activamente en tres de ellas), la caza y los toros (su afición le trajo muchas veces a España) son los temas fundamentales presentes en su obra. Premio Nobel de Literatura en 1954, su atracción por la violencia y la muerte en contraste con el carácter melancólico de cáncer le llevaron a un trágico final: se suicidó pegándose un tiro con su propia escopeta.
Obras: Fiesta, Por quién doblan las campanas, El viejo y el mar, Adiós a las armas.

LUNA NUEVA

Poseía unas anchas caderas torneadas para albergar pequeños vástagos en la más amplia comodidad de la ternura... pero a veces, la naturaleza parece equivocarse o, simplemente, se divierte con sus propias creaciones. Y ella se sentía una de esas bromas pesadas.

Lo había intentado todo. Todo lo que sus posibilidades le habían permitido. Todo lo que ella se había negado a sí misma. Había llegado incluso a entregarse a aquel hombre que nada podría ofrecerle salvo una pretendida fecundidad.

Nunca le pidió afecto, ni comprensión. No sentía nada por él, no esperaba nada de él. Sólo una cosa: la posibilidad de un fruto. Y a cambio de ello satisfacía la violenta voracidad sexual que él derrochaba sobre ella y contra ella. Pero valdría la pena si lo conseguía. El amor que surgiera de su vientre sería suficiente para redimirla del dolor y de la humillación. Borraría así cualquier huella, cualquier vestigio de aquel error. Sólo permanecerían los recuerdos anteriores a su fracaso: su infancia, sus hermanos, su prolífica familia... ¡dios mío! Realmente ella misma era un error, un sárcástico error estéril. Por eso tenía que volver a insistir.

Esta vez buscó ayuda en las supuestas artes mágicas de una bruja moderna. ¿Qué iba a perder con ello? ¿quizás lo que nunca había ganado? Y, además, reconocía lo atractivo del ritual que le habían planteado: noche de San Juan, luna llena, mar y arena, soledad y oscuridad para evitar cualquier vergüenza.

Y aquí estaba intentándolo de nuevo, rodeada de humedad salobre, sentada sobre una roca aún ardiente tras un día de sofocante calor. Ajena y esperanzada. Palpando la dura y rugosa roca, aspirando el penetrante aroma a salitre. Piedra y sal impregnando su cuerpo anhelante. Mientras se dejaba llevar por el sonido sensual y cadencioso de las olas, cerró los ojos para abandonarse a la atracción de ese ritmo adormecedor. Sentía como un éxtasis místico en aquel santuario marino, esperando a la luna redentora de sus ansias.

Sin embargo, algo rompió el acompasado movimiento de la marea. Un brusco chapoteo cercano a la orilla, un murmullo de voces ahogadas que se aproximaban a la playa. Asustada, se acurrucó en medio del roquedal. Mientras, observó como algunos hombres arrastraban una balsa sobre la arena y otros se lanzaban sobre la tierra, exhaustos. Su miedo pasó pronto cuando se dio cuenta de que era mayor el miedo de los recién llegados. La mayoría se levantó con gran esfuerzo y abandonó el lugar. Sólo quedó algún bulto en la balsa que los había traído.

Pasados unos minutos, decidió a acercarse a ella. Efectivamente, todavía quedaba alguien en su interior. Una joven negra aterida de frío y con ojos de fiebre la miraba suplicante. Con una mano desfallecida señaló un envoltorio de ropa en el hueco de su brazo. Después comenzó a jadear y, tras varios estertores, dejó de respirar. No parecía poder hacerse nada por ella. Pero aún había salvación para el contenido del envoltorio: en medio de húmedos andrajos se revolvía un niño de mirada de fuego y piel como una noche de luna nueva.
Para ella, la espera había llegado a su fin.

ESTRELLA CASARES