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CAPRICORNIO
(21/22 de diciembre-19/20 de enero)
Símbolo: la cabra con cola de pez
Planeta regente: Saturno
Elemento: tierra
Características: décimo signo del Zodíaco,
cardinal, negativo/femenino.
Cualidad fundamental: la responsabilidad.
Personalidad: tenaces, muy trabajadores, ahorradores hasta
la tacañería, responsables, maduros, pacientes, disciplinados,
racionales, realistas, de gustos sencillos, se entregan por completo
al trabajo y a la familia a la que valoran por encima de todo, y
aunque son reservados inspiran gran confianza a los demás.
Personaje literario de este signo: Alejo Carpentier (1904-1980)
Escritor cubano nacido en La Habana, pasó gran parte de su
vida en Francia donde frecuentó los grupos surrealistas.
Es así que su obra aglutina realidad americana y estilo vanguardista.
En sus novelas la trama se diluye, no existe casi narración
y prevalece el diálogo y las descripciones subjetivas. Estudió
arquitectura como su padre e influido por su madre, se convirtió
en un importante musicólogo, pero además también
fue periodista, diplomático y ensayista. Su prolífica
obra (proclamada Patrimonio cultural de la Nación Cubana)
es muestra del carácter laborioso e infatigable de los capricornio.
Recibió el Premio Miguel de Cervantes en 1977.
Obras: "Los pasos perdidos", "El siglo de
las luces", "La consagración de la primavera",
"La guerra del tiempo", "Historia de la música".
CAMALEÓN
No recuerdo si llevaba gafas o no.... a decir verdad, poco recuerdo
de él. No tenía unos rasgos muy definidos y tampoco
destacaba por nada en especial. Hasta su nombre, John Green, era
tan común que resultaba difícil de recordar.
Mi compañero insistía.
-Sí, hombre, sí, se sentaba siempre en la primera
fila.
-Pues, lo siento, no acabo de ubicarlo.
-Claro, no me extraña, era bastante anodino. Pero, si no
me equivoco, sacaba muy buenas notas. Aún así, no
me explico que haya llegado tan lejos. ¡Quien lo iba a decir!Nuestro
nuevo jefe, que no es decir poco. Porque esta empresa sube como
la espuma.
Volvió a insistir mientras mordisqueaba uno de mis lápices.
-¿Te has dado cuenta ya?
-John Green, John Green, no, no sé.
-Ahora le llaman Professor Green, doctorado en dos o tres carreras,
con no sé cuantos masters. Tiene un curriculum impresionante.
-Me dejas intrigado, pero no caigo en quien es.
-Bueno, me voy, hay que seguir trabajando. Cuando llegue ya te avisaré,
dicen que está al caer.
Mi compañero abandonó mi despacho y me dejó
sumido en mis pensamientos. Ahora, después de rememorar viejos
tiempos de instituto, la nostalgia se apoderaba de mí. Veía
de nuevo las aulas donde había pasado mi adolescencia, los
amigos con los que me había iniciado en la vida. Por supuesto,
había olvidado lo que aprendimos en ellas, pero no lo vivido.
Desde el punto de vista académico muy poco se había
quedado en mi cabeza. Lo normal. Ante mí surgían los
rostros del graciosito de clase, del coco repelente, de la feminista
acérrima, de la tontuela coqueta, del popular enrollado,
y tantos y tantos otros con personalidades encajadas en los típicos
clichés.... pero ese John Green... parecía ser inclasificable.
En la primera fila. Yo me sentaba en la penúltima y recuerdo
unos pocos cogotes. Un momento, sí, aquel muchacho de pelo
oscuro, negro o castaño, no sabría decir exactamente.
Probablemente era él. Sí, sin lugar a dudas, estaba
constantemente en la biblioteca. Al menos las pocas veces que yo
fui por allí , él siempre estaba. En la misma mesa,
además. Un hombre de costumbres fijas, seguramente. Pero
lo extraño del caso es que, ahora que empezaba a vislumbrar
sus rasgos... creo que también los había visto en
alguna fiesta de fin de curso, mimetizado con una de las columnas
del gimnasio. Es más, hasta puede que estuviera en la última
juerga que montamos en la playa. ¡Dios mío! Si también
lo había visto en alguno de mis cumpleaños. Vendría
con amigos míos porque yo no tenía mucha relación
con él. No era un personaje molesto, parecía acomodarse
a cualquier sitio sin llamar la atención en ninguno.
Mi secretaría llamó a la puerta , interrumpiendo así
mi ensimismamiento.
-El presidente requiere su presencia, señor Hampton.
-Sí, ahora mismo voy, gracias.
Mientras me dirigía al despacho del gran jefe me invadía
un cierto nerviosismo, una mezcla de emoción e intriga. Por
fin iba a satisfacer mi curiosidad. Y no era para menos, aquel hombre
que me esperaba , seguramente ufano ,en su opulento sillón
imperial, iba a dirigir nuestros destinos por muchos años.
La sorpresa sustituyó a la incertidumbre nada más
cruzar el umbral del despacho presidencial. Tras la gran mesa de
caoba abrillantada se sentaba....¡una mujer!Claro, Professor
Green no indicaba nada sobre su sexo. Sin embargo, ¿por qué
mi compañero estaba tan seguro de que se trataba del tal
John Green?Sin duda se había equivocado.
Estaba tan anonadado que tardé en reaccionar ante la amable
sonrisa de mi nueva presidenta.
-Pase y siéntese, Mr. Hampton. O mejor le llamaré
Mark, porque al fin y al cabo hemos sido condiscípulos. ¿O
no me recuerdas del instituto y la universidad?
¿En la universidad también?, pensé asombrado,
e intenté buscar en mi mente a aquella mujer, que, por otra
parte, tenía cierto parecido con el rememorado John Green.
¡Ah, sí! Puede que tuviera una hermana. Poco a poco
iba trazando el universo que rodeaba a John Green. Recordé
que incluso me había ayudado en un trabajo de la universidad.
Sí, era un hombre al que no le costaba animar a los demás
si sabías pedirle ayuda. Pero de su familia apenas sabía
nada. Era demasiado introvertido. Puede que tuviese una hermana
y no la hubiera relacionado con él.
-Pues, pues...-balbuceé, todavía extrañado.
-Déjalo, Mark, sé que no me reconoces. Quizás
tampoco me recuerdes. Han pasado muchos años. Antes me llamaba
John Green. He luchado mucho para llegar donde estoy. Pero también
he luchado mucho para lograr ser lo que soy, Margaret Green, tu
nueva presidenta y una mujer.
ESTRELLA CASARES
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