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ESCORPIO (23/24 de octubre-22/23 de noviembre)


Símbolo: el escorpión
Planeta regente: Plutón
Elemento: agua
Características: octavo signo del Zodíaco, mutable, negativo/femenino.
Cualidad fundamental: el propósito..
Personalidad: orgullosos, apasionados, celosos, fieles, extremistas pero autocontrolados, vengativos, misteriosos, luchadores, intrépidos, irónicos pero sinceros, firmes en sus propósitos, desprenden un gran magnetismo, les atrae lo mágico y esotérico y tienen una fuerte carga sexual.
Personaje literario de este signo: Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881)

Si existe un personaje realmente atormentado en la literatura universal ese es sin duda Rodión Raskólnikov, el protagonista de Crimen y Castigo. Su creador plasmó en él mucho de sus tormentos internos. Nacido en Moscú, Dostoievski sufrió en su infancia la represión de un padre despótico. Sufrió de epilepsia, luchó contra su ludopatía, y pasó la mayor parte de su vida bajo la precariedad económica. Ferviente seguidor de la ideología socialista, fue encarcelado, condenado a muerte y luego indultado para ser enviado a Siberia durante cuatro años, experiencia que lo marcó profundamente. Sus obras son el reflejo del llamado realismo psicológico, es decir, la fiel recreación de lo más profundo del alma humana.
Obras: Humillados y ofendidos, El jugador, Pobres gentes, Los hermanos Karámazov, El idiota.

¿ARREBATO?

Gair fijaba la vista sobre la llamarada voluptuosa que , flotando al viento, le precedía en su camino. Un verdadero infierno parecía desprenderse de aquellos cabellos cobrizos. Otro infierno más profundo anidaba en su propia alma.
Mientras cabalgaba agitadamente , vino a su mente otro color, mucho más frío que el rojo, pero igual de encendido y exasperante: los ojos grises de Saskia. La cabellera de fuego y la mirada de hielo. Saskia. Su nombre significaba cuchillo, y era un cuchillo ardiente , un acero ígneo lo que arrojaba su mirada. Pero, él, Gair, a pesar del dolor , fue capaz de mantenerse firme en su primer encuentro.
¡Vaya si fue capaz! ¡Y de qué forma lo recordaba ella! Nunca en su impetuosa vida como guerrera se había enfrentado con alguien así. Nadie antes se había atrevido a mirarla frente a frente. Y de esa forma. Con la oscuridad de unos ojos vibrantes y altivos. Semejante osadía tenía que pagarse cara. Pero Saskia no reaccionó. Estaba extasiada. Extasiada y furiosa consigo misma.
Su padre, el jefe de la tribu, aunque tan orgulloso como su hija, había decidido hacer la paz con Gair, el nuevo líder del pueblo fronterizo. Era hora de acabar con su eterna enemistad. ¿Y qué mejor forma de sellar su alianza que uniendo a Gair con Saskia? Ella estaba destinada desde niña a otro hombre, Liuva, tan distinto de Gair como de ella misma. Liuva era la serenidad, la placidez, el equilibrio. Se había acostumbrado a él como destino, como apoyo de su futuro de guerrera y líder. Y ahora, ¿pretendían imponerle otro hombre? Ese Gair, el diestro en la lanza, como era conocido, extranjero y arrogante, ¿iba a convertirse en su dueño?
Se negó desde un principio. Y cada vez que se negaba , volvía a desear encontrarse con él. Como un reto. Sí, era distinto a Liuva. Liuva era su compañero, pero Gair... era algo extraño y especial. Detestaba sus continuos enfrentamientos, pero, a la vez, empezaba a hacérsele imposible vivir sin pensar en el siguiente. La sangre hervía en su pecho con un sentimiento parecido al odio. Y eso la hacía revivir hasta casi estallar por dentro.

Ahora ambos cabalgaban huyendo de sí mismos. Huyendo y buscándose sin remisión

El caballo de Gair avanzó hasta alcanzar el de Saskia. Las bocas de los dos animales resoplaban furiosamente. Una espuma sangrante empezaba a emanar entre sus dientes. Gair alargó la mano y logró aprehender una de las riendas de su oponente. Saskia se revolvió enfurecida e intentó desasirse.
Ninguno de los dos, concentrados en su lucha, se había percatado de la proximidad de una sima. Ni siquiera habían oído la cascada que descendía a través de ella. El fragor que producía el agua partiéndose sobre las rocas no era para ellos tan estridente como el restallar del látigo sobre las bestias.
Gair fue el primero en toparse con el precipicio a sus pies. Su caballo no pudo evitar resbalar sobre el abrupto terreno y cayó hacia el abismo. Gair , agarrado todavía a la rienda de Saskia, se salvó. La situación, sin embargo, era angustiosa. El caballo de Saskia también había resbalado y se debatía jadeante sobre el suelo. Saskia tenía un pierna bajo el cuerpo del animal y apenas podía moverse. Mientras, Gair tironeaba de la rienda intentando subir por la roca.
-Saskia, ¡ayúdame! -gritó desesperado-acércame la mano y tira de mí.
-¿Por qué habría de hacerlo?
-Hazlo, o si no, caeremos todos. Tu caballo no podrá con mi peso. Está exhausto y el terreno es muy resbaladizo.
-Entonces reconoce que me amas.
-No es momento para hablar de eso. Haz lo que te digo.
-No consiento que me ordenen. ¡Di lo que te pido!
-Saskia, hazlo, haz lo que te digo.
-Dilo, dilo, dilo...-la voz de Saskia se había convertido en un alarido. Su caballo, agonizante, resbalaba hacia la pendiente del precipicio y ella, con parte del cuerpo aplastado, seguía sin poder liberarse.
-Pues déjame caer, entonces.
-¡No!
-Déjame caer, si quieres, pero yo nunca diré eso, Saskia.
-¿Aunque lo sientas?
-Nunca diré eso.
-Me alegro, porque yo tampoco lo siento.
Saskia, el cuchillo, clavó los ojos acerados en Gair, la lanza, mientras su cuerpo, arrastrado por la fuerza de su caballo muerto, se deslizaba hacia el abismo.
El estruendo del agua atravesando la sima apagó el sonido de los tres cuerpos estrellándose contra las rocas.



ESTRELLA CASARES