LEO (22/23 de Julio-21/22
de Agosto)
Símbolo: el león
Planeta regente: el sol.
Elemento: fuego
Características: quinto signo
del Zodíaco, fijo, positivo/masculino.
Cualidad fundamental: la protección
del honor.
Personalidad: cordial,
arrogante, protector, generoso, confiado, seguro de sí mismo,
vanidoso, le encanta ser halagado, buen anfitrión, mañoso, excelente
organizador y supervisor.
Personaje literario de este signo:
Alejandro Dumas,padre (1803-1870)
El máximo exponente del folletín en Francia
junto a Eugène Sue, contrariamente a otros escritores, gozó de
una gran popularidad en vida. Gracias a su carácter extravertido
y afable, aunque a veces colérico, disfrutó de la compañía de
muchas mujeres. Debido a la gran extensión de sus obras, en la
mayoría de los casos se ayudó de “negros” para escribirlas, basándose
previamente en una documentación conseguida por los mismos. Esto
último no eclipsó su fama ya que toda su novelística está guiada
por su inventiva sacrificando el rigor histórico en pro de la
narrativa y el suspense. Ni siquiera su hijo, conocido autor de
La dama de las camelias, consiguió un éxito tan destacado
como el de su progenitor.
Obras: Los tres mosqueteros, Veinte años después,
El conde de Montecristo, La reina Margot.
FARAÓN
Atravesando algunas rendijas de la habitación,
el sol bañó el rostro moreno y delicado de Sethi. Abandonado al
placer de la duermevela, esperaba dulcemente la llegada de Menotep,
el mayordomo principal de palacio. El rumor de sus pasos apenas
eran perceptibles pero Sethi conocía cada movimiento del hombre
encargado de su cuidado.
Antes de que Menotep se aproximara,
saltó elásticamente desde la cama. Su cuerpecito menudo se irguió
orgulloso ante un hombre ligeramente encorvado pero mucho más
alto que él. Sethi tenía diez años.
-¿Ya ha llegado mi momento, Menotep?-
la impaciencia de su pregunta la convertía casi en una afirmación-
es mi momento, ¿verdad? Ya ha pasado el tiempo de luto. Voy a
ser faraón.
-Mi pequeño señor...-balbució el
mayordomo.
-No me llames “pequeño”. Soy tan grande
como el sol. Mi padre era hijo del sol, por tanto yo también soy
su descendiente. ¿Qué es lo que ocurre?¿por qué me miras de esa
forma? ¿acaso no lo has dicho tú siempre? Soy hijo de Ra, el ojo
de Horus- y dirigió la mirada hacia la naos que, incrustada en
la pared, presidía la estancia. En su interior residía la figura
de Horus, con la cabeza de halcón y los demás atributos propios
del dios.
-Mi señor..- se atrevió Menotep- el faraón
no seréis vos, sino el esposo de vuestra hermana Nefrure. La reina
Tyi así lo ha decidido. Se ha aliado con los nobles y los sacerdotes
del templo y ha reclamado por derecho el trono para su hija Nefrure.
Tyi era la esposa legítima de vuestro padre, mientras que vuestra
madre sólo era una concubina.
Sethi sintió deseos de golpear a Menotep,
pero se contuvo. La verdad de sus palabras era irrefutable y el
mayordomo siempre se había mostrado leal y noble. En ese preciso
instante, la puerta se abrió de nuevo. Era Nefrure, su hermana
mayor. La acompañaban algunos miembros de su séquito.
-Sethi, debes entregarme la naos
de Horus. Mi esposo, como nuevo faraón, la reclama.
-¡Qué capricho el de tu esposo!
¿quién dice que él es el faraón?¿quién? ¿quién? – y la ira que
momentos antes había conseguido dominar se desató sin ambages.
Corrió hacia la naos de Horus, se abalanzó sobre ella y la arrojó
contra el suelo mientras gritaba encolerizado:
-Marchaos, marchaos todos.
Su hermana se rió:
-Has hecho el mal para ti. Ahora
el dios te despojará de su protección.
Pero el niño seguía gritando cada
vez más irritado:
-Marchaos, marchaos todos. Tú no,
Menotep, tú no.
Todos abandonaron la estancia excepto
el mayordomo. Sethi, todavía con la furia palpitando en su pecho,
rugió :
-Pero yo soy hijo del sol..
-Señor, yo estaré siempre con vos. Vos
sois mi verdadero rey, nunca os abandonaré.
Sethi, desalentado y agotado por los
estragos de su propia fuerza, se lanzó a los brazos de Menotep
y lloró amargamente .
Años más tarde, una extraña peste asoló los campos del Nilo.
Luego se extendió hasta los animales, alcanzando a las gentes
y llegando incluso al palacio real. El faraón no pudo escapar
de ella, y ni siquiera la trepanación de su cráneo pudo evitar
la muerte que le llegó en medio de grandes delirios. Sin descendientes
que lo sucedieran la reina Tyi y Nefrure no pudieron luchar
contra el advenimiento de Sethi.
Tras mucho tiempo alejado de
la Corte y protegido por Menotep de las intrigas palaciegas,
Sethi iba a alcanzar al fin su destino. Pero la alegría no se
dibujaba en su cara. Menotep también sucumbía a la terrible
peste. Acompañándole en su lecho de muerte, el nuevo faraón
escuchaba sus últimas palabras:
-Sethi, mi pequeño rey..-apenas balbucía entrecortadamente-
no quiero abandonaros..
Sethi agarró fuertemente las manos del antiguo mayordomo principal:
-Menotep, no te preocupes, te espera el reino de Osiris. Tendrás
el mejor de los entierros y serás bien recibido en el Más Allá.
De nada te privarás porque tu alma es noble. Y tus hijos y los
hijos de tus hijos no me abandonarán. Ellos estarán con el hijo
del sol en el camino hacia la gloria.
Aquella noche el faraón se retiró a sus aposentos para llorar
la pérdida de su amigo. No quiso que nadie le acompañara ni
le consolara. Porque las lágrimas de un faraón son tan amargas
como las de los hombres, pero muy pocos mortales tienen el privilegio
de poder verlas.