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PISCIS (20/21 de febrero-19/20 de marzo)

Símbolo:
dos peces nadando en sentido contrario
Planeta regente: Neptuno
Elemento: agua
Características: duodécimo signo del Zodíaco, mutable, negativo/femenino.
Cualidad fundamental: La comprensión.
Personalidad: inseguros, indecisos, tiernos, intuitivos, amables, miedosos, perezosos, autodestructivos, hospitalarios, humanitarios, afectuosos, influenciables, sentimentales y sobre todo soñadores con una aguda fantasía.

Personaje literario de este signo:
Gabrielle D´Annunzio (1863-1938)
Hasta su nombre adolece del decadentismo romántico donde este autor se encuentra inscrito, ya que en realidad se llamaba Gaetano Rapagnetta. Comenzó como poeta, pero luego se hizo más conocido como novelista y sobre todo como dramaturgo. Parte de su obra teatral fue escrita expresamente para la famosa actriz Eleonora Duse con la que vivió un apasionado romance que duró años. Su exacerbado nacionalismo le llevó a ser fiel seguidor de Mussolini. Participó heroicamente en la I Guerra Mundial, se arruinó, tuvo varias aventuras amorosas y en definitiva, expresó a través de su vida su gran idealismo.

Obras:
El triunfo de la muerte, La Gioconda, Francesca da Rimini, La hija de Jorio, El martirio de San Sebastián.

LA ISLA FUGITIVA

- Señorita, ¡agua, por favor!
Me dirigí al fondo de la impresionante iglesia casi irreconocible tras su transformación en hospital de campaña. Los heridos se amontonaban sin orden preciso a lo largo de la nave central. Tras el altar mayor se situaban los más olvidados y menos privilegiados.
- Señorita, un poco de agua...-la voz, aunque lastimera, era suave. Hasta ese momento no me había percatado de que su petición se repetía insistente desde hacía una hora. Apenas nadie se aproximaba a aquel rincón situado cerca de la sacristía. Un hombre de avanzada edad se acurrucaba allí acomodando su cuerpo entre un pilar y la hornacina de un santo ausente.
- Señorita, - gesticuló con su mano -, ¿me trae el agua? Y sonrió ansiosamente en medio de aquella informe miseria. Le acerqué una de las latas donde recogíamos lluvia venida de las goteras. Para entonces hasta eso había comenzado a escasear.
-Ah, el agua es vida, -murmuró-, pura vida.
Nunca había visto a alguien saborear con tanto placer el sobrio y líquido elemento. No era un simple disfrute revivificante. El anciano parecía regodearse con un licor exquisito o una golosina exótica. Una vez satisfecho, se derrumbó con una sonrisa beatífica en los labios.
Aquella noche el bombardeo fue tan constante que el miedo se apoderó de todos nosotros a pesar de estar acostumbrados a aquel sonido de muerte. Los enfermos se tragaban sus habituales lamentos y se apretaban unos contra otros tratando de no oír. Yo misma busqué refugio cerca del anciano sediento. Me senté temblorosa a su lado observando asombrada la placidez de su rostro. Miraba a lo lejos, más allá de las vidrieras agujereadas, y sin embargo, sabía de mi presencia.
-Señorita...¿le gusta el mar? ¿sabe qué sería de nosotros sin él?
-Shhh, calle.
-No nos van a matar antes porque a mí se me oiga. Saben que estamos aquí ¿De qué sirve callar? ¿De qué sirve angustiarse?
Tenía razón, así que le dejé desvariar en lo que parecía la consecuencia de una febril convalecencia.
-¿Ha visto alguna vez una sirena? No, no se ría. No estoy loco. He sido marino y he visto muchas cosas, cosas que han visto otros y cosas... que sólo he visto yo.
- La sirena, ya, claro.
- No, la isla. La sirena me guió hasta ella. Su estela me guió.
Yo le escuchaba como distracción para mi temor.
- Era fría y salada- y mientras decía esto se tocaba los labios como una caricia lejana -. Inquieta, escurridiza, pero por dentro era volcán.
El estallido de una nueva bomba lo interrumpió por un momento. Luego continuó impávido:
- Su cabellera era espuma, sus curvas eran olas, carne y sal que se estremecía con el viento.
- Eso no era más que el mar.
- Puede ser, puede ser... el alma del mar.
Por fin, se había hecho el silencio. Sólo el hombre murmuraba:
- Pero la isla sí que estaba. La sirena se perdió en ella, era allí donde vivía: una pequeña isla rocosa y plomiza, cerca de la costa de los italianos. Se elevaba de entre las profundidades abismales, apuntaba desde el abismo hacia el cielo...y nadie la conocía.
- Eso no fue más que su mente.
- Nooo, naufragamos y el sonido de aquella mujer ondulante me llevó hasta allí.
Dentro de la iglesia la multitud de heridos parecía resucitar. Abandoné al anciano sumergido en la ensoñación de su delirio.
A partir de ese momento, me acercaba a intervalos para ofrecerle su preciado tesoro y así apagar una sed cada vez más insaciable. Algunos lo miraban con áspero desprecio:
-Ese viejo no tiene por qué estar ahí. Que deje el sitio para otro. Que se vaya al otro mundo que es donde tiene que estar. Nos va a dejar sin agua, y, total, para morirse mañana.
Afortunadamente él no oía más que el golpeteo del mar contra las rocas de su amada isla. Las dos noches siguientes yo me adormecí escuchándole hablar sobre su paraíso imaginario ¡Cuántos disparates albergaba su cabeza, pero qué hermosos!
Lo acompañé hasta que sus últimas horas se agotaron. Viejito incansable, continuaba con su cantinela:
- La isla...no era hermosa. Pero era mía. Nadie la vio más que yo. En mis sueños, cada noche, tiene un nombre. Nombre de mujer, como no. Ella me eligió porque sólo yo pude verla.
Mientras él oprimía mi mano, yo escuchaba con la misma avidez con la que él se había alimentado de agua.
El mismo día que se acabó la guerra, el anciano murió. Un estruendo ensordecedor rasgó el cielo a media tarde. Pero ya no eran bombas. Sólo una tormenta descargando una furia contenida largo tiempo.

Lo he recordado todo hoy, más anciana que aquel hombre entonces. Con los ojos cansados y el alma estremecida he conseguido leer este curioso reportaje en un periódico:
"La posible reaparición de una isla de origen volcánico ubicada frente a las costas de Sicilia y que se vio por última vez en el siglo XIX ha generado una amplia polémica entre Italia, Francia y el Reino Unido, países que se disputan la soberanía de este territorio. Según algunos científicos el hecho de que el islote - visto por primera vez en el año 1 - vuelva a la superficie, se debe a la gran actividad sísmica que se ha generado a unos 28 metros de profundidad.
El primer avistamiento de la isla, en julio de 1831 - en el que llegó a alcanzar sesenta metros de altura y cerca de dos kilómetros de circunferencia - desencadenó una frenética carrera por su anexión, que quedó reflejada en los tres nombres con que se la conoce: Ferdinandea por los italianos, Graham por los británicos y Julliet por los franceses. No obstante, la pugna duró apenas unos meses, ya que el islote volvió rápidamente a sumergirse."

ESTRELLA CASARES